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El laberinto

Molas Kuna "El Laberinto".

Los seres humanos estamos encerrados en una historia de espejos móviles, historia sin lineariedades, anticartesiana, barroca y, sobre todo, mágica. Es así el laberinto que se nos interpone. Porque en un laberinto se entra y después todo es misterio y sorpresa: curvas, bifurcaciones, retorno al mismo punto cuando se imagina que avanzaba, encrucijadas, ocultamiento de las salidas, caos aparente, líneas distorsionadas, senderos que no conducen a ningún lugar y obligan a rehacer el camino, para la búsqueda incesante de alternativas.

Gabriel García Márquez escribió en 1989 “El General en su laberinto” para tratar de descifrar lo que Bolívar quiso decir al citar esa metáfora de: ¿como zafarnos del laberinto de la realidad? Jorge Luis Borges, no hizo otra cosa en su vida más que imaginar laberintos perfectos, lineales, rectangulares y circulares, espaciales y temporales, materiales y espirituales. Imaginó un laberinto de laberintos que abarcaría el pasado y el futuro, e incluso las estrellas.

Octavio Paz, en su “El laberinto de la soledad”, describe a los españoles perdidos en un laberinto de nostalgia e introspección. De hecho el cuadro “Las meninas”, de Velázquez, de 1656, es el espejo del espejo del espejo del laberinto…

Miró pintaba laberintos para intrigar y entretener. Buñuel tenía una visión laberíntica del mundo. Sin embargo el gran inspirador de todos los laberintos fue Cervantes, perdido en los corredores de la razón y de la locura, de las luces y de las sombras, entre Erasmo y Maquiavelo. Don Quijote somos todos nosotros, que nos negamos a hacer la distinción entre sueño y realidad, ilusión y hecho, quimera y concretez, utopía e historia. La Mancha, con sus molinos de viento, es nuestra patria espiritual.

Nuestros héroes son figuras míticas impregnadas de esa ambivalencia. Así como Alberto Masferrer, que para imaginar el pasado y recordar el futuro, prefirió escribir en los laberintos de su soledad. Y mientras tanto, nosotros contemporáneos, didácticos, congelados, navegamos cual inmigrantes perdidos en el aglomerado laberinto de los espectros de la vida virtual.
Mauricio Iraheta Olivo.

Caminando a la deriva

Don Jose acarreando agua para su casa ubicada en el cantón El Cuervo, La Libertad. Foto: Mauricio Iraheta


Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.

¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? ¿Para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos a la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón. El mundo nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.

Es por ello, que vivimos en una escuela de desvinculos: para que los callados no se hagan preguntones, para que los opinados no se vuelvan opinadores, para que los ofendidos no se vuelvan defensores. Para que no se junten los solos ni junte el alma sus pedazos.

El sistema divorcia la emoción y el sentimiento, como divorcia el sexo y el amor, la vida íntima y la vida pública, el pasado y el presente. Si el pasado no tiene nada que decir al presente, la historia puede quedarse dormida, sin molestar, cual ropero del sistema donde guarda sus viejos disfraces.

El sistema nos vacía la memoria, o nos llena la memoria de basura, y así nos enseña a repetir la historia en lugar de hacerla. Las tragedias se repiten como farsas, anunciaba la célebre profecía. Pero entre nosotros es peor; las tragedias se repiten como tragedias.
Mauricio Iraheta Olivo.

Lo que es tierno se volverá, en los límites de la vida: Eterno.



Antes de que llegue el momento de mi resurrección haré fiesta de mi Cuerpo. Dejando que se pueda mecer en las alturas abisales. Y acariciando una por una mis arrugas, cantaré himnos al alborear la vejez, desvelaré historias del futuro, arrullaré el pasado, y prenderé en la yema de los dedos mi perfil interior.

No recurriré al bisturí de las falsas impresiones. Ni al espectro de la delgadez anoréxica. El tiempo proseguirá masajeando mis músculos hasta volverlos flácidos como las delicadezas del espíritu.

Suspenderé todas las flexiones, excepto las que aprendo en la academia de los místicos. Beberé de mi propio pozo y abriré el corazón para que el ángel de la limpieza tire por la ventana de la compasión iras, envidias y amarguras.

Pisaré sin zapatos el calor de la tierra viva. Cual bailarín ambiental danzaré abrazado a Pachamama al son ardiente de canciones primitivas. De ella recibiré el pan, y yo le daré la paz. Y esperaré sus mañanas como quien levanta cometas al son de los vientos de octubre.

Alcanzadas las estrellas, contemplaré en la penumbra del misterio ese cuerpo glorioso que nos funde, a Pachamama y a mí, en un único sacramento divino. Su trigo brotará como alimento para todas las bocas, sus uvas harán correr ríos embriagantes de saciedad, su Espíritu habrá de impregnar todas las hendiduras de lo humano.

En la mesa cósmica ofreceré las primicias de mis sueños. Con las manos vacías acogeré el cuerpo del Señor en el cáliz de mis carencias. Doblaré las rodillas ante el misterio de la vida y contemplaré el rostro divino en la cara de aquellos que nunca supieron que cosmo y cosmético son palabras griegas gemelas, y echan sus raíces en la misma belleza.

Alejaré mis ojos de todos los prejuicios y pondré la fe por encima de todos los preceptos. Como Ezequiel, contemplaré el campo de los muertos hasta ver el polvo consolidado en huesos, a los huesos juntarse en esqueletos, a los esqueletos recubrirse de carne y a la carne hincharse de vida en el Espíritu de Dios.

Proclamaré el silencio como un acto de profunda subversión. Desconectado del mundo, expulsaré del alma todos los ruidos que me inquietan y, vacío de mí mismo, seré plenificado por Aquel que me envuelve por dentro y por fuera, por encima y por abajo.

Alejaré de la mente la profusión de imágenes y daré al olvido el remolino de ideas. Privaré de sentido a las palabras. Absorto por el silencio, presionaré a los oídos para escuchar la brisa de Elías, y a los ojos para admirar lo que extasió a Simeón.

Nunca más haré de mi cuerpo un mero apoyo extraño al espíritu. Seré una sola unidad, onda y partícula, ánima y ánimus. El pan, y no más la cruz, será el símbolo de mi fe, pues él está grávido de vida, sacramento de resurrección.

Recogeré por las esquinas todos los cuerpos indeseados para lavarlos en la sangre de Cristo, antes de que se desprendan de sus envoltorios para alzar el vuelo de las mariposas.

Curaré de la ceguera a los que se miran en la mirada ajena y untaré con cremas de tiernas palabras el rostro de todos los que se creen feos, hasta que se perciba en ellos el esplendor de la semejanza divina.

Arrancaré del piso de hierro los pies congelados de la insolidaridad y haré soplar un viento fuerte sobre los que temen el peso de sus propias alas. Al subir a la cima del mundo verán que todos somos un solo cuerpo y un solo espíritu.

Haré de mi cuerpo una hostia viva; y de la sangre un vino de alegría. Ebrio de efusiones y gracias, abarcaré en un abrazo cósmico todos los cuerpos y, en el salón dorado de la Vía Láctea, bailaremos valses hasta que la música sideral haya agotado la sinfonía escatológica.

En la concretez de la fe cristiana anunciaré a los cuatro vientos la certeza de la resurrección de la carne y de todo el Universo redimido por el cuerpo místico de Cristo. Entonces, cuando la muerte nos transvivencie, lo que es tierno se volverá, en los límites de la vida, eterno.

Mauricio Iraheta Olivo.

De Dioses y de Macacos


- ¡Siglos de represión! -Exclamo el profesor- nos han legado esa esquizofrenia entre afecto y sexo. Un día seremos sexualmente unitarios, sin representaciones de tabus, y hasta el incesto sera superado pues volveremos a la inocencia originaria. 

-Por la libertad primordial que Adan y Eva conocieron -sugirio un alumno.
-Y perdieron -observo otro.

El profesor bramante miro con vigor. Su rostro parecía hinchado. Y la voz broto mas grave.

- ¡Perdieron, pero no por causa del sexo! Dios, si es que existe, no admite competidores. Es un error de los padres que metieron en la cabeza de los incautos que el fruto prohibido era la tensión que Adan y Eva sentían el uno por el otro. 

- Sobretodo donde no incurría riesgo alguno para romper la fidelidad - intervino el alumno, riéndose de la observación que hacía el profesor.

- ¡Es eso! - Exclamo nuevamente el pedagogo- Adan y Eva no pasaban mas que de una crisis reproductora para comenzar a dar nombre a los "boys". Una prerrogativa divina en aquel mundo en el que todavía no había descubierto la ciencia. Por eso fueron castigados.

- Los alumnos se dan una pausa para reflexionar y uno de ellos apunta: "Adan y Eva son paradigmas y Dios un misterio que suscita nuestra curiosidad, pero.....¿que hay de los macacos?".

- El profesor interrumpe...."Sin investigación no hay conclusiones acertadas y mucho menos solución adecuada"

......En fin, esta era una breve conversación de autoayuda de quienes en un salon de clase querían encontrar un camino al significado del creacionismo, y de que entre Dios y nosotros no hubo más intermediario que Adán y Eva.

Sin embargo, hace ya tiempo que la ciencia investiga el eslabón perdido entre el macaco y el hombre. Pero se da consenso en que Darwin tenía razón. Incluso el papa Juan Pablo II, que no daba el brazo a torcer, admitió la pertinencia del darwinismo. 

Pero los creacionistas no pueden ir más allá de la idea de la existencia de un dios alfarero que, tras haber trabajado con arcilla y soplado el barro, dio vida a dos maquetas humanas. Si dieran un paso más en la genealogía de la primera pareja se encontrarían con mayores dificultades. Si Adán y Eva tuvieron dos hijos varones, Caín y Abel, ¿cómo se explica esa gran descendencia de la que formamos parte? ¿seríamos todos hijos e hijas de un incesto paradisíaco?

Desde siglos atrás la Biblia sólo pretende enseñar que Dios es el creador del Universo, incluidos los humanos que, aunque obra divina, padecen de dos limitaciones insuperables: tienen plazo de validez y defecto de fabricación. Lo que la doctrina cristiana llama pecado original.

Esto es obvio: todos mueren, a pesar de las academias de letras repletas de ‘inmortales’, y no son pocos los que muestran grandes defectos de fabricación: a lo largo de su vida se vuelven corruptos, mentirosos, oportunistas, segregacionistas, machistas, cínicos y hasta políticos… en fin, hombres sin calidad, diría Musil. 

¿Cuándo se habría dado el salto del simio al humano? ¿el día en que un macaco utilizó un palo como extensión de sus manos, tal como muestra Stanley Kubrick en la película “2001, una odisea en el espacio”? ¿o el día en que un orangután decidió, al contrario de toda la familia zoológica, dejar de comer sólo cuando tiene hambre y señalar hora para las comidas? ¿o habrá sido en aquella tarde de sábado en que el macaco untó la caza con pimienta y la asó en la brasa que quedó como residuo de la quema producida por un rayo, sin saber que estaba inventando el churrasco?

Un verdadero humano sería una persona dotada de creatividad. ¿Quién ha visto una casa con forma de pájaro con un balconcito y una terraza para acoger al hijo recién casado? Sucede que la creatividad es también -es, en general, especialmente- un atributo de los maleantes. Quizás sea preferible caracterizar al humano por sus virtudes: una persona generosa, altruista, ética, solidaria, amorosa, capaz de compartir sus bienes y dones. ¿Existe algo así?

Si estamos de acuerdo en que eso todavía es un proyecto, una perspectiva, un sueño, entonces hay que aceptar que el eslabón perdido entre el macaco y el hombre somos nosotros, esa cadena de mamíferos que comienza por la curiosidad de Adán y Eva, que fueron a meter la nariz donde nadie los había llamado, hasta la generación actual contemporánea de Obama y Hillari Clinton. Por lo demás, dos buenos ejemplos de la especie prehumana que, como los macacos, tienen preso la cola pateada; donde meten los pies crean una situación crítica; y viven invadiendo el espacio ajeno.

Nosotros somos el eslabón que estaba perdido. Aunque él siempre ha estado en nuestra frente. Sólo basta con mirarnos al espejo. El verdaderamente humano vivirá en el futuro. Eso si adquirimos un poco de vergüenza en la cara. En caso contrario el mismo eslabón se perdería y el proyecto humano quedará como una utopía. Quizás realizable en algún otro planeta donde haya abundancia de eso que tanto falta por acá: vida inteligente.

O quién sabe si el Creador decida pasar a limpio su creación-borrador por segunda vez. Dudo que Él en estos días vaya a destruir con un nuevo diluvio. El agua es hoy un bien escaso. Dios es generoso, no despilfarrador. Quizás el calentamiento global sea el primer indicio de que todo va a quedar reducido a ceniza. O quizás deje como ha ido haciendo en brindarle la batuta a nosotros macacos para sentirnos instrumentos de tal misión divina. Y entonces así tendría lugar un nuevo Génesis. 

Desconfío de que, al sexto día, Dios creará animales inadaptados para desarrollar una cadena evolutiva. Pero si de que en el séptimo se recostó en su hamaca a un lado del jardín del Edén, porque nadie es de hierro. Sin embargo, creo firmemente, que aquel día de descanso contemplando la belleza del Universo, el sonido de los pájaros, las caricias del viento y los olores de las flores. Horizontalmente curvado y suavemente balanceado por el ritmo de la hamaca. Alzo su mano derecha agitando una fina pluma, con la que luego se dispuso en apuntar a su diario: “Memoria, sueños y reflexiones de los macacos: Aquel eslabón entre lo que ya no existe y lo que nunca fue”

Mauricio Iraheta Olivo.

La Chachalaca


Gana un premio quien sepa lo que significa Chachalaca.

Averiado el auto de un amigo fue socorrido por un taller ambulante instalado en la esquina. El mecánico levantó el capó, puso aires de entendido, tocó aquí y allá, y, categórico, emitió su diagnóstico: "Pues mire el problema es que se necesita cambiar la chachalaca".

"¿Y cuánto cuesto eso?", preguntó el dueño del vehículo. "mmm pues es una pieza rara y cara, pero para usted se la cambio por 35 dólares".

Una vez hecho el trato, el muchacho metió la cabeza en el motor y, herramientas en mano, inició la cirugía mecánica. Terminado el servicio, cinco minutos después, el auto funcionó y el conductor pagó. Al día siguiente, por precaución, llevó al vehículo a un taller de mayor credibilidad. Y allí se dio cuenta de que no existe la chachalaca; el desperfecto se debió a que se había soltado una abrazadera de la batería.

Sin embargo todos sabemos que sí existe la chachalaca. Es esa capacidad de algunas personas para explicar lo inexplicable: la defensa de los políticos corruptos (basta comparar ingresos y patrimonio para que se vuelvan éticamente indefendibles); la revocabilidad de lo irrevocable; el expresidente que se niega a conocer a un joven apadrinado por él; el diputado que recurre a frías notas de frigoríficos (perdón por la redundancia) para justificar su dinerama; la amnistía a torturadores que nunca fueron castigados; la desaparición de drogas capturadas por la policía; las cacareadas ventajas de los alimentos transgénicos; los anuncios de pedofilia virtual que utilizan a niños como carne de cañón; la responsabilidad de empresas que degradan el ambiente; los predicadores religiosos insensibles a la miseria que nos rodea para obtener un diezmo; el elegante contrabando de tiendas de marcas, etc.

La chachalaca es la capacidad de hablar sin decir nada; prometer sin cumplir; gobernar sin administrar; sonreír sin estar alegre; en fin, de robar un cerdo y, sorprendido en el hurto, salir gritando mirándose al hombro: "¡Bicho, fuera de aquí!" 

Hoy día la chachalaca tiene mucho éxito en la televisión y periódicos. Tanto que mantiene hipnotizados cada día, durante horas, a millones de espectadores que, salvo unas pocas informaciones de los telediarios, no sacan ningún provecho para ampliar su cultura, hacerse una conciencia más crítica o profundizar su vida espiritual.

Todos nosotros tenemos problemas en la vida, dificultades, desafíos, en fin, piezas que deben ser cambiadas y decisiones que deben ser tomadas para saber qué rumbo seguir. Muchos, acobardados ante esos momentos críticos, apelan a la chachalaca. Protestan de la vida, de la realidad, de la política del país, del estado actual del mundo, pero no hacen nada para cambiar ese estado de cosas. Se quedan en la queja, calentando los oídos de quien está a su lado, destilando ira, ¿a la espera de qué? Es evidente: a la espera de que aparezca alguien que les ofrezca la chachalaca.

El mayor almacén de chachalaca son los archivos de la asamblea legislativa, en los cuales se conservan los discursos de magistrados, diputados y politicos. ¡Cuánta arrogancia, cuánta palabrería, para tan poco resultado y provecho!

El internet y facebook no se queda atrás, sobre todo la cantidad de textos, supuestamente firmados por autores famosos, que circulan: pura chachalaca. Para nada acrecientan nuestra docta ignorancia. Respecto a esto, el mundo arde en llamas: guerras, terrorismo, bases usamericanas en Colombia, gripe H1N1, narcotráfico, deforestación de la Amazonía, niños mendigos convertidos en acróbatas improvisados en los caminos no señalizados de la vida…

Si aun fuera obligatoria la confesión auricular en la Iglesia no estaría mal sugerirle al penitente que, en su examen de conciencia, revise cuántos de sus actos y pensamientos, intenciones y palabras, están llenos de chachalacas.

Dejo la sugerencia de que se instituya, en clubes y condominios, en empresas y corporaciones públicas, en grupos de amigos y asociaciones, el premio anual la Chachalaca. Que se le otorgaría a quien, como mi amigo del auto averiado, crea en el primero que le diga al oído que somos diferentes.

Mauricio Iraheta Olivo.

Sueños de cerradura y guacamayas


No consigo ver lo que otros perciben, 
no consigo reír de lo que otros hayan gracia, 
no consigo dejar de ser desconfiado, 
taciturno, 
porque son muchos mis presentimientos. 

Por ejemplo colecciono cerraduras y fotos de guacamayas. Cerraduras. Es obvio, sirven para cerrar, porque el ser humano no soporta la transparencia, necesita siempre cubrirse de: pelo, mascaras, ropa, techo, muro, porque la desnudez es un arte que requiere talento. Todavía si un hombre y una mujer se encuentren sin ropa encerrados en un cuarto entregados a las infinitas posibilidades del juego erótico, no significan que estén desnudos. Están simplemente desvestidos. Desnudez es otra cosa. Es saber abrir las ventanas del espíritu, a lo mas oscuro e ínfimo, un fenómeno cósmico y a la vez biológico del sentimiento profundo. 

¿Por qué fotos de guacamayas? quizás por que nunca pude soltar el nexo que tuvo en casa de mis abuelos mi linda guacamaya roja. Desde entonces me embriago el sueño de ser una igual. Volando con sutil ligereza y libertad. Formando esferas elegíacas, convirtiéndome en un arte que no exprime lamento, como el primitivista que ignora las formalidades académicas. Siendo eflorescencia pura de volcánicas primaveras. Donde las flores de fuego se dejan en retablos y, en ejercicios espirituales, para copiarlas en pergaminos solamente. Porque tan solo las flores, las mariposas y las guacamayas superan las obras primas del arte universal.  Fue ahí en el sueño, donde aprendí que volando se puede alcanzar la propiedad mas bella: La Ataraxia.  

Donde súbito entre las nubes
comencé a bailar 
en un cielo negro 
de estrellas gordas y pausadas, 
donde no había música, 
apenas una orquesta invisible de guacamayas 
inmensas y diminutas, 
gordas y delgadas 
altas y bajas
rojas y amarillas
volando todas como plancton de susurro.

Todas traían cerraduras en sus alas coloridas y extravagantes que imprimían ritmos suaves. Solo entonces comprendí, por qué las alas de la esperanza fueron encontradas muertas en las cárceles de: Nuevo Laredo, Carandiru, Mariona, Guantanamo y tantas mas de América Latina. Una fina espada plateada atraviesa su corazón.

Mauricio Iraheta Olivo

Independencia con sensatez



¿Qué es la independencia o ser independiente? Independencia es el reverso de dependencia. Donde para algunos se cataloga como el romper fronteras, cadenas y lazos umbilicales, para otros se figura como: éxito, un mejor empleo, obtención de bienes materiales finitos y nuevos logros académicos. Conozco quienes cayeron en el sacrilegio de confundir independencia con: arrogancia, soberbia, nepotismo, machismo, autoritarismo y en algunos casos hasta de faltar el respeto y amor a padres y esposas. Por considerarlos inferiores. Sin duda ganaron su independencia, pero no es más que aquella oscura y fría, fibrosa y dura, con horror en los labios y de mirada suicidas. Convirtiéndose en un pájaro de poco vuelo y que padece de la enfermedad imaginaria de Dios. 

Pero debe saber usted que la mayoría de hombres y mujeres no son independientes. Carecen de vuelo propio. Cual moluscos adheridos a la piedra, son incapaces de soltarse y zambullirse en la vastedad del mar. Creen que están impidiendo que la piedra se precipite al agua y de ese modo permanecen toda su vida encadenados a un peso que los aprisiona y los lleva al fondo, que, sin embargo, no forma parte de ellos. 

La piedra son los prejuicios que les impiden mirar su propia alma. Se contemplan en los ojos ajenos, tienen de sí mismos una imagen importada. No alcanzan nunca aquella autoestima que brota de lo más profundo de sí mismo. Siempre están pidiendo permiso para ser lo que no son, cambiando su mascara según la ocasión y el rol del personaje a dramatizar, suplicando comprensión, mendigando afecto, sujetos a una servidumbre voluntaria y esclavizados por modismos que los transforman en personajes de ilusiones inconvenientes. 

Ser independiente no se resume en romper tabús e innovar comportamientos. Es fácil afrontar los diques del moralismo, allá donde se produce la energía nefasta del fundamentalismo, aquel altruismo al revés de quien cree saber mejor lo que les conviene a los demás e insiste en someterlos a su voluntad. Lo difícil es cultivar los valores infinitos engendrados por la autonomía de la conciencia como reducto inexpugnable, la lucidez crítica, el valor de discrepar por encima de todos los afectos, la osadía de decir no y practicar la ascesis de callarse, desligase de acciones malévolas, no suscribir nunca lo que perenniza la injusticia, la desigualdad y la exclusión. 

Dé su grito de independencia, pero no con la garganta, como quien exhibe una rebeldía confinada al nihilismo narcisista. Lo que vale es el grito que resuena en la vida social, suscita el vendaval que siembra utopías, rasga horizontes y allana montañas. El grito uterino de esa gravidez histórica que preanuncia auroras de compartimiento. El grito alucinado que imprime sentido a la revolución que subvierte las causas de todas las miserias. 

Conquistar la independencia es un proyecto colectivo, tarea común de convicciones éticas, obstinación de quien se niega a acatar lo que es como si fuera lo que será, lo que está como lo que faltará, lo que se hace presente como anticipación del futuro. 

Arranque de lo más hondo de sí mismo aquel doblez que le falsifica para efectos sociales. Anule los fantasmas de sus temores; profese el ateísmo frente a los ídolos de esa sociedad que dobla las rodillas ante la supuesta sacralidad del mercado. Practique la iconoclastia ante esa opulencia engordada por la gula perversa de quien chupa de la tierra los nutrientes de la vida para todos. 

Sumérjase en lo más íntimo de sí mismo sin miedo al vértigo provocado por lo inusitado de su propia identidad. Embriáguese con su singularidad y deje que ella baile en el espacio etéreo de su libertad. Penetre sus cavernas interiores, explore los subterráneos de su inconsciente, deje que afloren en bandada todos los ángeles que lo habitan. 

Corte el hilo de su laberinto cartesiano, pues nunca va a conquistar la independencia quien se mantiene en la superficie, como náufrago desesperado remando agarrado a las conveniencias, dando satisfacciones inmerecidas, vestido de espantapájaros en medio de una huerta de frutas podridas.

Mire al pasado y verá que las personas verdaderamente independientes creyeron en una causa, se dejaron impregnar por esa indignación que hizo de ellas artífices de un tiempo nuevo. Tomaron en sus manos la historia y le torcieron el rumbo, y sus vidas simbolizan hoy nuevas fronteras, pues allí se rompió el límite entre idea y acción, sueño y realidad, amor y gesto.

Arrastre consigo multitudes a la independencia. No permita que la cadena de montaje del sistema anule su ímpetu y ponga rótulo a sus proyectos, convirtiéndolo en mero repetidor ortofónico de viejos discursos envueltos en seductores papeles de colores. 

Sepa que la materia prima de la independencia se encuentra en su subjetividad, en los dobleces de su ser, en aquel otro que lo habita y para el que parece extraño aquello que ahora es. Mantenga los ojos bien abiertos, pero sobretodo mantenga abierto su corazón pues nunca será completa su independencia si no se expande a su vez con amor, derritiendo todas las cadenas que ahora impiden que todos sean independientes, solidariamente independientes, amorosamente independientes.

Mauricio Iraheta Olivo

El ocaso de una nueva generación


Comienzo con esta frase de Felipito, porque es a lo que actualmente nos enfrentamos jóvenes y adultos en nuestra sociedad. El premio Nobel de literatura, el portugués José Saramago hizo de la ceguera un tema para críticas severas a la sociedad actual, asentada sobre una visión reduccionista de la realidad. Mostrándonos que hay muchos videntes presumidos que son ciegos y unos pocos ciegos que son videntes. 

Actualmente, se difunde pomposamente que vivimos en la sociedad del conocimiento, una especie de nueva era de las luces. Efectivamente así es. Conocemos cada vez más sobre cada vez menos. El conocimiento especializado ha colonizado todas las áreas del saber. El saber reunido en un año es mayor que todo el saber acumulado en los últimos 40 mil años. Si por una parte esto trae innegables beneficios, por otra, nos hace ignorantes de infinidad de dimensiones, colocándonos escamas sobre los ojos e impidiéndonos así ver la totalidad. 

¿Cuáles de los grandes centros de análisis mundial de los años 60 previeron el cambio climático de los años 90? ¿Qué analistas económicos con premio Nobel antevieron la crisis económico-financiera que ha devastado los países más desarrollados en 2008? Todos eran eminentes especialistas en su campo limitado, pero ciegos en las cuestiones fundamentales. Generalmente es así: sólo vemos lo que entendemos. Como los especialistas entienden apenas una mínima parte de lo que estudian, acaban viendo apenas esa mínima parte, quedando ciegos para el todo. Cambiar este tipo de saber cartesiano desmontaría hábitos científicos consagrados y toda una visión de mundo. 

Ahora el joven de la nueva generación es también ciego, se muestra más preocupado por tener un buen empleo que por motivaciones ideológicas; menos propensas a riesgos y más apegadas a la familia. La relación con la sociedad es más virtual que real: encerrado en su cuarto, no necesita rezar "vengan todos a mi reino", pues todo le llega a través del celular, de la televisión, de Internet, del MP3. 

Dentro de la champa de una familia miserable, desprovista de sus derechos básicos como alimentación, salud y educación, puede soñar con el universo de las telenovelas y creer que, mediante la lotería, la suerte, la iglesia que le promete prosperidad, o incluso a través de la ilegalidad, llegara a tener acceso a los bienes superfluos. 

El joven actual no quiere arriesgarse; lo que anhela es experimentar. Ante la falta de motivación religiosa, experiencia espiritual e ideología altruista, tiende a buscar en la bebida y en la droga la alteración de su estado de consciencia. Sin eso no se siente suficientemente relajado, locuaz, divertido y osado. 

Es obvio que los medios de comunicación dictan patrones de comportamiento, hábitos de consumo y paradigmas ideológicos. La diferencia es que todo eso le llega al joven de tal forma envuelto en papel brillante y atado con cinta de colores que no percibe lo vulnerable que es a la dictadura del consumismo. 

Otro tema más profundo en la actualidad es: la opresión contra la mujer. Hoy esta opresión se manifiesta de maneras tan sofisticadas que llegan a convencer a las mismas mujeres de que ése es el camino verdadero de la liberación femenina. 

En nuestra sociedad capitalista, donde impera el lucro por encima de todos los valores, el patrón machista de cultura asocia erotismo y mercancía. El atractivo es la imagen estereotipada de la mujer. Su autoestima es desplazada hacia el sentirse deseada; su cuerpo es violentamente modelado según patrones consumistas de belleza; sus atributos físicos se vuelven omnipresentes. 

Donde hay ofertas de productos -televisión, revistas, periódicos, folletos, propaganda en vehículos, y toda la parafernalia de las telenovelas- lo que se mira es una profusión de senos, nalgas, labios, piernas, etc. Es como una carnicería virtual. La mujer es castrada en su inteligencia, en sus talentos y valores subjetivos, y ahora es escarnecida por las conveniencias del mercado. Es sutilmente manipulada en su ansia de alcanzar la perfección. 

Según la ironía de Ciranda da bailarina, y Edu Lobo (ambos cantantes brasileños) "Si nos fijamos bien / todo mundo tiene acné / marca de apendicitis o vacuna / y tiene lombrices, tiene amebas, / sólo la bailarina no lo tiene". Si lo tuviera sería rechazada por los patrones machistas por ser gorda, vieja, sin atributos físicos que la hagan deseable. Y si abre la boca debe hablar de emociones, nunca de valores; de fantasías, no de la realidad; de la vida privada, no de la pública (política). 

Toda mujer sabe que, mejor que ser atrayente, es ser amada. Pero el amor es un valor anticapitalista. Supone solidaridad, no competitividad; comportamiento, no acumulación; donación, no posesión. Y el machismo impregnado en esta cultura volcada hacia el consumismo teme la alteridad femenina. Resulta mejor fomentar la mujer-objeto (de consumo) como nos ha mostrado la paraguaya Larissa Riquelme. 

En la guerra de los sexos, históricamente es el hombre quien señala el lugar de la mujer. Él tiene la posesión de los bienes (patrimonio); y a ella le toca el cuidado de la casa (matrimonio). Y está claro que ella va incluida entre los bienes... Véase la costumbre tradicional, en el casamiento, de añadir el apellido del marido al nombre de la mujer. 

En la Latinoamérica colonial, se decía que a la mujer del dueño de esclavos le estaba permitido salir sólo tres veces de casa: para ser bautizada, casada y enterrada. Todavía hoy, la mujer interesada en política o en algún puesto de dirección de una empresa es, como mínimo, una amenaza para los hombres que no quieren compartir sino dominar. 

Si lo atractivo es lo que se ve, ¿Cómo exigir que los hombres se interesen por las mujeres que carecen de atributos físicos o cuando ya son vencidas por la edad? ¿Cómo sería de diferente si la belleza interior del alma se externara a simple vista como los atributos físicos? 

Es una lástima que todavía no se haya inventado botox para el alma. Ni cirugía plástica para la subjetividad. 

Una antigua parábola oriental dice: que al observar que un macaco sacó un pez del agua y lo puso en lo alto de un árbol, un águila le preguntó por qué lo hacía; y el macaco respondió: "Para que pueda respirar mejor y no muera ahogado". 

Actualmente nuestro colonialismo encarnado, nos muestra que es ésa nuestra sobrevivencia a los "valores", con la convicción de que la felicidad reside en la posesión de bienes finitos -dinero, fama, mercancía, poder- y no de valores infinitos, -amistad, solidaridad, compasión, valoración hacia las personas- que nos hace sacar al pez del agua para que pueda respirar mejor… 

Mauricio Iraheta Olivo.



El arte de mirar

Pintura que decora un pequeño café en San Marcos Atitlán.

Desde que me tengo por gente, la escuela enseña análisis de textos. Pero todo texto se teje con los hilos del contexto en que fue escrito. Cuanto más próximo se encuentra el lector de la coyuntura en que se produjo el texto, tanto mejor capta su pretexto, el significado. Un alemán tiene más posibilidad de entender, con su sensibilidad, el universo de las obras de Goethe, igual que un salvadoreño siente el aroma de la culinaria descrita en las novelas de Claudia Lars.

¿Para qué sirve estudiar literatura? Entre otras razones, para leer con más acuciosidad el libro de la vida, cuyos autores y personajes somos nosotros. Quien lee sabe distinguir entre arte y panfleto, juego de rimas y poesía, experimentalismo barato y ficción de calidad. Leer es un ejercicio de escucha y de exploración. Por eso, mientras no lleguen nuevos avances tecnológicos, tengo la impresión de que leer un libro en Internet es como ver la foto de un atardecer sobre la playa del litoral salvadoreño. Prefiero contemplar esa maravilla en vivo.

Hasta en la adultez tuve en cineclub mi primera educación de la mirada. Tras la exhibición del filme, los debates dejaban ver nítidamente la diferencia entre obra de arte y mero entretenimiento. Se cultivaba la sensibilidad, saturada por las series melodramáticas de los culebrones de Hollywood, e insaciada ante los grandes maestros del cine. La pesadez repetitiva del humor televisivo nunca producirá un Chaplin.

Hoy la imagen ocupa en nuestros ojos más espacio que el texto, gracias a la universalización de la televisión. No obstante, la escuela parece no darse cuenta de que vivimos en una era de la imagen. O peor aún, compite con la televisión en arrogante indiferencia o desprecio. Dentro del aula de clase todavía predominan la narrativa textual, la palabra escrita, la secuencia enmarcada por comienzo, medio y fin, señales de la historicidad. Fuera de la escuela recibimos la avalancha de imágenes, el vertiginoso coctel que confunde pasado, presente y futuro, la narrativa reventada por el recorte deslucido de los clips, la cultura rebajada a diversión vacía.

Mientras la escuela se esfuerza, al menos teóricamente, por formar ciudadanos, la televisión forma consumidores. Si hoy en día los alumnos son más indisciplinados que antes es porque no pueden -todavía- cambiar al profesor de canal. ¿Por qué no destronar la televisión como reina del hogar y llevarla a la sala de clase? Llegó la hora de emanciparnos del tiránico monólogo televisivo. Se puede estar en desacuerdo con un periódico y escribir a la sección de cartas de los lectores, o protestar por la radio, llamando a la emisora. ¿Cómo se queja uno a la televisión, que es una concesión pública utilizada en función de intereses y ganancias privadas? El mejor recurso es invertir la relación: que ella pase a ser objeto y nosotros sujetos.

Imagino a los alumnos en el aula de clase analizando programas de televisión y cortos publicitarios; transformando el juego de emociones -fotos, sonidos, movimientos- en objeto de la razón, descodificando los contenidos de los programas y la carpintería de la producción televisiva. Actores y productores de televisión serían recibidos en las aulas; examinada la calidad de los productos ofrecidos; y se abriría un debate sobre la ética implícita en los programas de audiencia, donde los pobres y los nordestinos son ridiculizados, y en la publicidad, que reduce a la mujer a sus atributos físicos como carne de cañón.

Ver televisión en la escuela es educar el mirar. Y de ese modo dar un paso importante rumbo a la democratización de los medios de comunicación, pues las instituciones de enseñanza también deben tener sus radios comunitarias y producir videos. Sólo una mirada crítica nos abre el horizonte de la ciudadanía y de la democracia real. En caso contrario corremos el riesgo de ver cada vez más caras y menos corazones, y creer que el predominio de la estética dispensa de la ética y de confiar en que los sueños son sólo capullos que no engendran mariposas de la utopía.

Mauricio Iraheta

Conversación con Sócrates


-Maestro ¿Cómo van las cosas por Grecia?, le pregunté. 

No se cuando perdimos la sabiduría, querido amigo. Hoy en día urge reencontrar la lámpara de Diógenes para proyectar luz al final del túnel. Sin embargo, por suerte en las elecciones del 17 de junio los partidos xenófobos no alcanzaron la mayoría. Y la izquierda quedó en segundo lugar, con buena representación en el parlamento. Es lamentable a lo que hemos llegado semanas antes de las elecciones, donde había colas de gente sacando dinero de los bancos y muchas de las familias almacenaban alimentos, algo muy similar a lo que ocurre en tu país cuando se da un terremoto o las predicciones de Mosies Urbina de posibles tornados. 

Sin embargo nosotros mismos nos metidos en el apuro. Somos una nación pequeña como la tuya de once millones de habitantes. Según Pitágoras, que entiende de números, Grecia no debiera haber abandonado la dracma y adoptado el euro, así como en tu país no hubieran abandonado el colón. El Reino Unido y la República Checa conservaron sus monedas y han sido menos vulnerables a la crisis. Ahora es tarde. Somos irremediablemente rehenes de los bancos. Tanto que al préstamo ahora se le llama rescate. 

En Europa y países como el tuyo asola la obsesión neoliberal por el consumismo. En los últimos veinte años disfrutamos de un patrón de vida ecológicamente nocivo y éticamente ofensivo para el resto del mundo.La gente prefiere seguridad a libertad. La xenofobia se extiende. Hoy tenemos 1 millón 400 mil inmigrantes, o sea más del 10% de nuestra población. Gente en busca de empleos que nos hacen falta a nosotros. 

Fíjate hasta qué punto hemos llegado. Nuestro sistema de salud colapsó. Faltan médicos, aparatos quirúrgicos, medicinas. El problema no son los inmigrantes, que ahora se juntan en bandas, por miedo a las agresiones. La causa de la crisis es más profunda. Si no se da un cambio de paradigma de desarrollo, Europa y el mundo no tendrán futuro. 

Sabes ayer hablé con Platón. Ya sabes cómo es, puesto que los idealistas se recubren de optimismo. Él cree que gracias a los préstamos garantizados por Alemania saldremos del agujero. 

Aris (refiriéndose a Aristóteles) es más pragmático. Él hizo notar que el problema no es sólo griego. Es global. España, Italia, Portugal, Irlanda también van camino del agujero. Los EEUU están en recesión. Y la tabla de salvación lanzada por el neoliberalismo está más que agujereada: apretarse el cinturón. Incluso parece que las medidas de austeridad hubieran sido dictadas por Antístenes (griego fundador de la cínica). En verdad lo que quieren salvar son los bancos, no las personas. Por eso iniciativas como las vistas en Rio +20 la semana pasada llenan de ilusión, pero lastimosamente no pasa a más que eso de: "pura ilusión". 

Es por ello que considero importante mi amigo, que habría que seguir el ejemplo de países como Brasil y Argentina. Ellos lograron romper con el FMI y estimularon el consumo interno, aumentando el salario mínimo, facilitando el crédito y combatiendo la inflación. 

Es lamentable que hoy el mundo depende de las finanzas. Ya no hay filosofía. Las gentes ya no quieren un sentido para sus vidas, sino sólo ganancias. Aquí en Grecia hemos cambiado el Areópago por el Banco Central Europeo. La política es ahora rehén de la economía. Y no hay quien controle a la economía, excepto el interés egoísta de acumulación privada de la riqueza. Estoy a punto de tomar la cicuta de nuevo. 

De repente mientras Sócrates contemplaba el Partenón con el atardecer de fondo. Tan pensativo y con los ojos fijos que mostraban cierta nostalgia, me atreví a preguntarle. Maestro, ¿Qué es lo que preocupa tanto? 

Luego de un espacio de silencio y con cierto suspiro me responde: “Miro esta maravilla, el Partenón”, y algo me incomoda. Las pinturas que decoraban este monumento de valor universal se encuentran ahora en el Museo Británico. Y el marido de Isabel II, el príncipe Felipe, es griego, nacido en la isla de Corfú. Quizás él podría devolvernos lo que nos pertenece.

Mauricio I. Olivo.

¿Qué somos los Seres humanos?

Laguna de Apoyo, Nicaragua. Foto: Mauricio Iraheta Olivo

En una noche de divagaciones, me pregunte: ¿qué somos en realidad nosotros los seres humanos? Cada cultura, cada saber y cada persona trata de encontrar una respuesta. La mayoría de las comprensiones son insulares, rehenes de cierto tipo de visión. Sin embargo, las contribuciones de las ciencias de la Tierra, englobadas por la teoría de la evolución ampliada, nos han aportado en cierto sentido de visiones complejas y totalizadoras, insertándonos como un momento del proceso global, físico, biológico y cultural. Pero que en realidad no acallaron la pregunta; al contrario, ¡la radicalizaron!. Pero hubo alguien como Pascal que expreso o tuvo una idea de lo complejo que somos preguntandose: "¿Qué es el ser humano en la naturaleza? Es nada comparado con el infinito y todo comparado con la nada, es un simple eslabón entre la nada y el todo, pero incapaz de ver la nada de donde es sacado ni el infinito al que es atraido" y donde para el frances Teilhard de Chardin es donde se cruzan los tres infinitos: "lo infinitamente pequeño, lo infinitamente grande y lo infinitamente complejo". Donde nos encontramos siempre en la prehistoria de nosotros mismos, ya que a pesar de todo ello, somos un proyecto finito que reclama su objeto adecuado, también por un infinito, llamado Dios.

Por eso es importante trascender y contemplar el hecho presencial de nuestros días, para conceder el espacio a la idea de que somos también seres simples y mortales. Donde muchas veces nos cuesta acoger la muerte dentro de la vida y el drama de nuestro destino. Y algunas veces, por el amor, por el arte y por la fe, presentimos que hay algo que va más allá de la muerte. Y quizas hasta presintamos o sospechemos que en el balance final de todas las cosas, un pequeño gesto de amor verdadero que hayamos hecho vale más que toda la materia y la energía del universo juntas. Por eso, sólo tendría sentido el hablar, el creer y el esperar en el amor, como prolongación del infinito en nuestros días y de nuestras relaciones cotidianas.

Mauricio Iraheta Olivo.

Siglo XXI

San Marcos Atitlán. Foto: Mauricio Iraheta Olivo.

Después de algunos descubrimientos, vivencias y experiencias a lo largo de los años, ya en el siglo 21 el ser humano conquistó lo "imposible”. Ahora sabemos volar como los pájaros, navegar bajo el agua como los peces y correr más rápido que las liebres, y somos capaces de comunicarnos a distancias antes inimaginables. Somos la generación automotora. El reloj mide cada segundo de nuestro tiempo; caballos y carruajes cedieron el lugar a los automóviles y a los aviones; cantantes invisibles cantan a través de nuestro equipo de sonido, noticias sin rostro divulgan los hechos de inmediato, el circo y el teatro irrumpen en nuestra sala con las dimensiones de una pequeña pantalla electrónica.

Ahora resulta hacer un breve resumen de la historia en antigua, medieval, moderna y contemporánea sería mejor distinguirla por las eras: agrícola, que duró diez mil años; industrial, en los últimos cien años; y ahora la cibernética. El astrónomo y matemático alemán Johannes Kepler, nacido en 1571, y atraído por el olfato estético de los griegos -que creían que el Universo tenía una simetría natural-, descubrió la arquitectura del sistema solar y empleó cuatro años para calcular la órbita de Marte, una elipse perfecta. Cuando hoy en día con una computadora le hubiera bastado hacerlo en cuatro segundos.

Kepler, que escribió un libro titulado “El sueño”, el hubiera envidiado a nuestra generación si imaginase cuánto tiempo podríamos ahorrar. Daría alas a la imaginación, soñando con hacer todo lo que un trabajo exhaustivo no le permitía: “disfrutar de la vida campestre, perder tiempo con los amigos, disfrutar del amor, permanecer en la iglesia oyendo embebido el sonido del órgano, contemplar el cielo nocturno para captar la música de las estrellas…” Lo que él nunca habría podido imaginar es que con tanta tecnología, actualmente nuestra generación cada vez más dispone de menos tiempo.

Somos incorregiblemente voraces. Queremos procesar el máximo de información en el menor tiempo. A cada momento desafiamos las barreras del espacio. Ansiamos estar allá -no en el camino- y por eso metemos el pie al acelerador del poderoso automóvil y espantamos a las personas que se cruzan por la calle, disputando con el conductor de al lado el espacio de asfalto, como si enfrente no hubiera señales rojas contrarias a nuestra impaciencia. Hemos reducido las distancias con teléfonos celulares y operaciones digitales en la computadora.

Lo mismo de viaje que en el aeropuerto, en el trabajo o en el club, la "pulsera electrónica del telefono o ipad” impide que nos pierdan de vista. Entre una gestión y otra, una flexión abdominal y otra, una decisión y otra en el trabajo, controlamos a los hijos, las operaciones financieras, los negocios geográficamente distantes. Así como Prometeo queremos arrebatar el fuego de los dioses, tal como si no recordáramos que somos frágiles y mortales.

Porque necesitaba pensar, Kant no salió nunca de Königsberg, donde construyó una obra filosófica monumental. Hoy día pensamos: ¿para qué los libros si hay miles de videos interesantes? Basta saber que el patrimonio cultural de la humanidad se encuentra almacenado en las bibliotecas.

Tranquilos, pasamos horas, días, meses y años de nuestras vidas viendo a un puñado de hombres correr detrás de una pelota y vehículos veloces desafiando las curvas mortales. Nuestros héroes quedan lejos del arte musical de Mozart, de la física de Planck o de la literatura de Machado de Assis. Veneramos a los que rompen los límites. El evangelio de la ‘posmodernidad’ son los índices del mercado financiero. La biblia el Guiness Book of the Records. Pelé hizo mil goles. Michael Jackson coloreó de blanco su piel negra. El piloto de fomrula 1 Ayrton Senna corrió más aprisa pegado al suelo que cualquier otro mamífero.

Actualmente, sólo nos queda por descubrir el remedio de la felicidad. ¿Por qué ninguna empresa vende lo que más necesitamos? Pero quizás podamos dejar de pagar, con el sacrificio de la propia vida, el precio letal de esa búsqueda, si abrazamos los sueños de este alemán Kepler: “la vida campestre, perder el tiempo con los amigos, disfrutar del amor, el coro de ángeles en una iglesia y contemplar en el cielo nocturno la melodía de las estrellas.”

Mauricio Iraheta Olivo.

Un 14 de febrero



Aunque el tedio del consumismo siga floreciendo este 14 de febrero.

Aunque los sicarios mexicanos nos brinden el atardecer sangriento de sus rifles.

Aunque la corrupción se apodere en los trajes de ciertos burócratas salvadoreños.

Aunque las bombas racimo que caen en las escuela de Afganistán destruyan la ilusión del mundo.

Aunque los ricos se burlen de nuestra felicidad envuelta en las hojas miserables de la sinceridad.

Aunque la pobreza ahogue las burbujas celestes de la ternura.

Aunque los versos sencillos de Martí ya no estén en la palma franca del hombre.

Aunque la estupidez del dinero pretenda comprar el tiempo y el olvido.

Aunque el robot curiosity siga cantando el tema hippy San Francisco en su expedición en Marte.

Aunque la selva amazona deje caer su último respiro verde frente al cultivo de soya.

Aunque las ballenas y focas del antártico bailen ufanos en las orgías de su libertad.

Aunque los wayúu esten al margen de la extinción en la Güajira.

Aunque haya un sangriento Ramadan en Irak.

Aunque el imperio se desnude con sus secretos de alcoba y panteón.

Aunque el capital navegue en los océanos de sudor de los esclavos de oficina y campo.

Aunque el mar sea profundo en petróleo y sangre.

Aunque un nuevo tiroteo despierte al Bronx, Tijuana, Sinaloa, Soyapango y Río de Janeiro

Aunque en la epistemología nos coloquen los anteojos rosados de la mentira.

Aunque el criminal y el violador camine de espaldas frente al dolor.

Aunque Swazilandia viva con 3/4 partes de su población infectada con sida.

Aunque la muerte llegue sin prisa y sin perdón.

Aunque haya un salvatrucho cobrando la renta.

Aunque Vargas Llosa escriba en español y piense en ingles.

Aunque los pájaros hundan su cantar en sueños de aire contaminado.

Aunque Oto Perez prostituya la tierra maya del quetzal.

Aunque Bob Dylan crea que la respuesta aun esta flotando en el aire.

Aunque Obama tenga pesadillas con los sueños de Luther King.

Aunque haya asaltos al bolsillo en el diezmo cristiano y la ruta 101.

Aunque haya malabaristas y escupe fuego en los semáforos.

Aunque haya un joven buscando empleo, un drogadicto en recuperación y una prostituta en un colchón.

Aunque haya una persona abandonada en el asilo o en cama con fase terminal. 

Aunque el espectáculo de los secretos esté al servicio de la CIA y Wikileaks.

Aunque comunidades indigenas del amazona estén presas al proyecto hidroeléctrico.

Aunque Rigoberta Menchú camine cabizbaja en corte y huipil por los senderos del Quiché.

Aunque otra niña pase como contrabando sexual en las fronteras Centroamericanas.

Aunque la iglesia prescriba como bendito el amor sucio hacia los niños.

Aunque la cocaína caiga de las nubes de los radares del cielo.

Aunque se haya muerto Lennon.

Aunque Neruda solo sea glorificado por sus 20 poemas y Roque Dalton por su poema de amor.

Aunque Marx este enterrado en la jerga anticapitalista.

Aunque no leamos a Maiakovski.

Aunque el che este con copyright en las imágenes de los pobres.

Aunque Chaplin sea tarde gris y tu luna de abril.

Aunque la doctrina Monroe siga repartiendo pastillas para no soñar.

Aunque Berlusconi compre con perversión los abrazos vacíos de la soledad.

Aunque Je ne suis pas Charlie Hebdo.

Aunque siga floreciendo la desnutrición infantil en las montañas chalatecas.

Aunque la crisis alimentaria y al Dios mercado no haya quien le tosa.

Aunque Haití este nuevamente conquistada por una cólera.

Aunque la democracia sea el burdel de occidente...


Aunque todo se derrumbe frente a los que queremos construir, como una manera de seguir firmes en este mundo de amores tardíos y corazones mercantiles, nadie nos dirá que fuimos cobardes y que no abrazamos el compromiso con la historia y el destino que nos legó este amor, que dejó de ser sentimiento vano de los mercaderes para convertirse en categoría social de solidaridad entre nosotros… los que todavía abrazamos utopías y corazones.

Feliz día mercantil!
Aunque para algunos mis palabras les sea un tanto hostil.
Mauricio Iraheta Olivo.

¿Perdidos o simplemente olvidados?


Empiezo con esta frase debido a que, en la actualidad, para muchos y a los ojos del mundo Centroamérica es una zona invisible, desatendida y olvidada. Pero es allí donde se juega uno de los dramas más desgarradores y profundos, con ribetes increíbles, pero que no sale del anonimato.

Muchos dirán “Pobreza es la de África” y “Violencia es la de medio Oriente”; pero aquí, nos encontramos con algo similar si no peor a estos dos escenarios y que son muy poco conocidos ¿Por qué? Podríamos comenzar diciendo que desde la reciente historia de la guerra fría, la región se vio encarnizada en los campos de batalla en donde desde los años 60 y 90 países como El Salvador, Guatemala y Nicaragua se convirtieron en un verdadero infierno, con guerras internas entre el movimiento guerrillero y los ejércitos nacionales, donde las victimas llegaron a contarse por miles; asimismo los crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Lo mismo se puede decir de las naciones donde no se dio el combate directo, como el caso de Honduras y Costa Rica, pero que fueron base de operaciones de la contrarrevolución nicaragüense. La guerra nuclear que nunca mantuvieron Estados Unidos y la Unión Soviética se jugó, entre otros espacios, en los montes centroamericanos. Las víctimas, claro está, fueron centroamericanos.

En general, se conoce poco o nada de la región incluso entre la población más progresista en el mundo, las izquierdas y derechas políticas o la gente de suyo mas informada. Por ejemplo, existen medios que, cuando se refieren a la realidad latinoamericana, no prestan atención al área de Centroamérica. Muchas veces, personas no saben responder a preguntas como: ¿Dónde está ubicado El Salvador?, ¿Cuál es la capital de Honduras?. La gran mayoría no sabrá si en la región hay premios Nobel, o dónde está ubicado Copan o Tikal, lugares tan impresionantes como la muralla china o el Partenón griego, pero mucho menos conocidos. Al igual, cuando los mismos hermanos latinoamericanos piensan en Latinoamérica, tienen presente a México y los países sudamericanos, saltándose el istmo. América del Centro se convierte así en tan solo una referencia vaga.

Cuando se habla de América Latina se tiende a tener una visión indigenista; se piensa en sus selvas, en sus grandes regiones geográficas, en sus cordilleras o llanuras. Se ve como un lugar “exótico”. Se puede tomar la población negra como parte importante de su composición, se tienen presentes las grandes civilizaciones prehispánicas como los incas o los aztecas, pero poco o nada se habla de América Central, que más bien queda en la nebulosa. Si pensamos en pirámides, pensamos en las de Egipto; pero difícilmente consideramos las que se extienden por las regiones del istmo Centroamericano, tanto o más monumentales que aquéllas. Si consideramos los grandes avances científicos en la antigüedad, seguramente podremos tener presentes los de civilizaciones como la china, la fenicia, la greco-romana y en todo caso, se podrá pensar en los Incas; pero en general, se ignora avances de la astronomía como los de los mayas que cuentan con un candelario más exacto que el actual gregoriano o de sus matemáticas, a pesar de que son los inventores del cero.

Todo lo que está ligado a esta región tiende a quedar invisible. Sin restarle importancia en lo más mínimo a un genocidio como el holocausto judío a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, ¿quién habla del reciente holocausto del pueblo maya en Guatemala con 200.000 muertes y más de 600 aldeas incendiadas?[i] Este, en términos comparativos, fue tan monstruoso como el primero. ¿Cuántas películas se hicieron sobre las masacres de tierra arrasada que padecieron muchos Centroamericanos durante las dictaduras militares de las décadas de los 70 y 80? ¿Cuántas películas pintan las atrocidades del mozote, el sumpul y la masacre indígena del 32 en El Salvador? Se difunde de la misma manera la caída del muro de Berlín o la guerra judío-Palestina que la forma en que se “invento” el país de panamá? Seguramente no; pero eso es parte de la historia del istmo. En general no se habla del hecho de que para facilitar la apertura del canal, el gobierno de Estados Unidos lo dibujó como país nuevo en un cuarto de hotel a través de su embajador en Colombia[ii]. ¿Hay películas que enseñen todo esto, como lo hacen con Auschwitz o Buchenwald? Sin duda no. ¿Por qué de Costa Rica se dice “La Suiza centroamericana” y no se dice de Suiza “La Costa Rica europea”? ¿Qué saben muchos sobre Centroamérica más allá de que es una región muy pobre? Muy poco y en el peor de los casos nada.

De alguna manera, Centroamérica funciona como un bloque y no solo geográficamente. Se dan también, una cantidad de elementos que le confieren cierta unidad económica, política, social y cultural. Los países que la conforman (Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Belice, Panamá y Costa Rica) con la excepción de este último, presentan los índices de desarrollo humano más bajos del continente, junto con Haití en las Antillas, una de las naciones más pobres del mundo.
Centroamérica es un área muy pobre. Si bien cuenta con muchos recursos naturales, su historia la coloca en una situación de atraso muy grande. Básicamente, fue en los últimos años agros exportadores, en los que se dieron pequeñas aristocracias herederas en muchos casos de los privilegios feudales derivados de la colonia, que por siglos han manejado los paises con criterio de gran finca, de latifundio[iii] . Entrando ya el tercer milenio y luego de las feroces guerras de las últimas décadas, nada de esto ha cambiado sustancialmente. Los productos primarios fueron en algún tiempo la base de la economía: café, azúcar, frutas tropicales, madera, algodón. Sin embargo esto ha cambiado sustancialmente porque en los últimos años se dieron procesos de modernización, instalándose en toda la zona terminales industriales maquiladoras; que han aprovechado la barata, y poco o nada sindicalizada, mano de obra, y en que por lo general, los capitales comprometidos son transnacionales que no representan un factor de desarrollo a largo plazo.

Del mismo modo también se han ido incrementando los llamados negocios “sucios” (Lavado de narco dólares y tráfico de drogas). Centroamérica es un puente obligado de buena parte de la droga que, proviniendo del sur, se dirige hacia los Estados Unidos, dinamizando las economías locales, pero sin favorecer a las grandes masas obviamente, y permitiendo el surgimiento de nuevos actores económicos y políticos, ligados a actividades ilícitas toleradas por los respectivos estados. La población de toda la región es mayoritariamente rural; donde prevalece un campesinado pobre que combina el trabajo en las grandes propiedades dedicadas a la agro exportación, con economías primarias de auto subsistencia, que apenas consiguen cubrir deficitariamente sus necesidades. En toda la región hay presencia de población indígena, siendo Guatemala el país que presenta un mayor porcentaje de ésta. La migración interna desde el campo hacia las ciudades, en búsqueda de mejores horizontes, está creciendo cada día más, lo que origina un mayor índice de comercio informal, niñez trabajadora y participación de las personas en actos delincuenciales.

La situación de las mujeres es de gran desventaja respecto a la de los varones. El número de embarazos es muy alto y mucho más en áreas rurales. También, las tasas de analfabetismo y la poca participación en la vida política. La situación medio ambiental de todo el istmo es preocupante, como consecuencia de estados corruptos que toleran todo tipo de saqueo; se da de este modo un marcado deterioro en los aspectos ecológicos: acelerando pérdida de bosques tropicales, escasez de agua potable y polución generalizada. Latinoamérica, desde inicios del siglo XX, ha sido una zona de influencia estadounidense y para el caso de América Central esto es groseramente más notorio. El imperio del Norte, aunque es reconocido en su papel de amo dominante, no deja de ser al mismo tiempo foco de atracción de todas las poblaciones, tanto político, como cultural. Las masas empobrecidas lo ven como una vía de salvación económica, ya que las remesas que cada mes envían los familiares emigrados, mano de obra barata y no calificada en los Estados Unidos, constituyen para todo el área una de las principales fuentes de sobrevivencia, siendo El Salvador el que ocupa uno de los primeros lugares. Es por ello que el imperio del Norte es un elemento decisivo para entender la historia y futuro del istmo centroamericano.

El panorama de la región es cada vez más preocupante, luego de muchas décadas de dictadores calcados y procesos de democratización manchados por las más infames corrupciones. Es verdad que se callaron los cañones de las guerras internas que la desgarraron en las últimas décadas del siglo XX, desde su nacimiento en 1821 como unidad autónoma y aún antes, cuando era Capitanía General de Guatemala durante la colonia española; y en todo ese tiempo su historia no han sido más que de saqueos y represiones. Hoy, entrados en el siglo XXI, su situación sigue siendo la misma, arrastrando un alto nivel de pobreza, atraso y dependencia. Todo esto explica su poca o casi nula participación en la agenda mundial.
En realidad ¿Cuándo es noticia Centroamérica? ¿Lo es quizás sólo después de que ocurre alguna de las numerosas catástrofes naturales (terremotos, huracanes, erupciones volcánicas)? ¿O quizás es por golpes de estado a naciones de forma fraudulenta y por la cantidad de crímenes y violaciones a los derechos humanos, o porque se dan tragedias con miles de víctimas, por lo que muchas veces nos ganamos la titularidad en los medios? Y me pregunto: ¿Cambiará alguna vez esto? Así debería ser, ya que las tierras de Rubén Darío, Miguel Ángel Asturias, Monseñor Romero, Roque Dalton, Juan Gerardi, de tan grandes arquitectos y matemáticos como los mayas (hoy día tierras tan sufridas, tan castigadas, tan golpeadas por la vida) merecen algo más que su actual historia de “Banana Country”. Como decían los mayas: “Están por venir tiempo mejores”.


Mauricio Iraheta.




[i] Victoria de los vencidos, Teófilo Cabestrero
[ii] Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano
[iii] Idem.
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