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Nepotismo y soberbia


Alguna vez escuche decir de un conocido que el mal del país era la falta de carácter. Aunque yo demostrara estar de acuerdo, consideraba la desigualdad social más grave. Con el tiempo, mas o menos e ido madurando ciertas convicciones, sobre todo al profundizar en el tema de la más seductora tentación humana: el poder.

Pocos en El Salvador saben lidiar con funciones de poder. No me restrinjo al poder político. Me refiero a cualquier poder: director de escuela, gerente de banco, policía, portero de seguridad, etc. Al revestirse de un cargo, la mayoría se desprende de su individualidad. La función, el uniforme o el traje pasa a ser más importante que la persona. Por eso se agarra a ella como un náufrago a la boya que flota entre las olas.

Hay quienes de tal modo se agarran al poder al punto de que ya no les gusta ser socialmente presentados con su nombre. Es preciso enfatizar el cargo, la prominencia del título grabado en la tarjeta de visita, trofeo inestimable. Conocí a quien, una vez nombrado, cambió de postura física, de casa, de hábitos sociales, de mujer y de carácter. Y engordó la propia cuenta bancaria.

Bebida fuerte, el poder embriaga. Y, como todo borracho, se pierde el sentido de la realidad y la proporción. Lo peor es cuando el delirio sube a la cabeza y lleva a la persona a dar paso a su prepotencia: humilla a subalternos, grita a funcionarios, nombra a parientes, exige privilegios, rompe la fila y, a sangre y fuego, reduce la distancia entre lo deseable y lo posible. Y aplica el “nepotismo y soberbia”: “¿Sabe con quién está hablando? ¿¡Perdon!?....No, no no nada de Oscar, Juan o Pedrito ahora resérvese de nombrarme: Licenciado, Ingeniero, Arquitecto, Doctor, Señor Ministro, Cardenal, Obispo…..y en el peor de los casos Señor Presidente, Señor Diputado, Distinguido Magistrado”. Sin embargo, en un país civilizado oiría: “Quién piensa ese señor que es?”

El nepotismo en nuestro país es una forma execrable de ese perverso síndrome de auto-divinización. El poderoso actúa con la parentela como Calígula al nombrar cónsul a su caballo Incitatus. No se toman en cuenta los criterios objetivos que regulan la selección de cargos públicos. Se ignoran concursos, calificaciones, igualdad ante la ley. Se abominan la ley y sus fundamentos jurídicos. Vale la voluntad del poderoso que, de lo alto de su exorbitancia, transforma la familia en succionadora de recursos públicos como el de nuestros honorables políticos y “padres de la patria”. Prueba de eso es el nepotismo -figura inadmisible en la iniciativa privada- excepto en empresas familiares, lo que es otra historia.

Por eso es necesario estar atento ¿Cómo enfrentar al nepotista y soberbio? ¿Cómo debo relacionarme con la persona que, cerca de mí, detenta el poder sobre mi destino? He ahí una cuestión que desgraciadamente Freud y sus sucesores no profundizaron tanto como lo hicieron los dramaturgos griegos en la antigüedad, así como Shakespeare y Machado de Assis. 

La tendencia de algunos subalternos que he conocido, es que cuanto están más apegado a su función que a su espíritu crítico, más se infantilisa frente al superior: ríe de lo que no tiene la menor gracia, elogia lo que no merece consideración, trata de averiguarle sus gustos y preferencias. Se trata de un juego típico del niño que se esfuerza por seducir al adulto para, a cambio, obtener cariño y la realización de sus aspiraciones. 

Muchos que tienen poder nutren sus egos gracias a la corte de aduladores. Y tienden a no aceptar que los critiquen. Si alguien se atreve a hacerles alguna crítica, primero hay que escoger cuidadosamente las palabras, de modo que no se les hiera la sensibilidad, así como una aguja es capaz de pinchar un balón. 

La mayoría se calla ante el poderoso, aunque le conozca contradicciones y defectos. Son raras las personas que, en cargos de gobierno, osan repetir la iniciativa de un gerente de empresa que conocí, quien una vez al mes, reserva una hora para oír críticas de sus subordinados. E incluso puso un buzón de correspondencia para quien prefiriera hacerlo anónimamente. 

Según él, la opinión que tenemos de nosotros mismos y de nuestro desempeño casi nunca coincide con la de quien vive con nosotros. Y vaya que si le atino!

Saber oír críticas es un acto de humildad y de tolerancia. Humildad deriva de humus, tierra; humilde no es el tonto sino el que mantiene los pies en el suelo, sin vuelos egolátricos, ni se deja encerrar en la baja autoestima. 

Muchos defectos podrían ser corregidos en instituciones y empresas si los funcionarios y subalternos tuvieran canales para expresar críticas y sugerencias. ¿En qué hospital los pacientes evalúan a los médicos? ¿En qué escuela los alumnos dan notas a los profesores? ¿En qué iglesia los fieles cuestionan a sus obispos y pastores? ¿En qué institución pública los empleados evalúan a los funcionarios de turno?

Hay personas, especialmente en la esfera de la política e instituciones gubernamentales, que sólo se sienten atraídas por la aureola del poder. Cuando están cercanas, prescinden de cualquier conciencia crítica y actúan ridículamente, cual loros de pirata, tratando siempre de apoyarse en el hombro del poderoso. 

Pero si las circunstancias las alejan del poder se sienten humilladas, despreciadas, y se dejan invadir de congojas y de iras. El poderoso adulado ayer pasa a ser objeto de críticas mordaces. Es el síndrome de la expulsión del paraíso… 

El mejor antídoto para la seducción del poder es la espiritualidad. No sólo en el sentido religioso, sino sobre todo en lo que concierne a la profundización subjetiva de valores éticos. Quien está contento consigo mismo no necesita la aprobación ajena. No siempre damos oídos al precepto de Jesús: "Amar al prójimo como a sí mismo”. Si no tengo una buena autoestima difícilmente sabré relacionarme con el prójimo con benevolencia y compasión. 

Muchos caminos conducen a esa conquista interior. Para mí la más pedagógica es la meditación, ese silencioso ejercicio de dejar que Dios me habite para que yo pueda abrir las puertas del corazón y las ventanas de la mente a los semejantes y a la naturaleza.

Mauricio Iraheta Olivo

El Salvador


Durante muchas décadas El Salvador ha sido considerado entre los campeones mundiales en el rating de la desigualdad y violencia social. Un fenómeno, que se ha apoderado de los cuatro puntos cardinales, y donde muchos intuyen que la oveja negra de la creciente tasa de homicidios y muertes en el país es causa exclusiva de maras y pandillas.

Pero tenemos que ser realistas y sinceros. Detrás de la marioneta-violencia hay un sinfín de hilos que dan vida al muñeco. Hay violencia en el país porque yo llevo violencia dentro de mí en forma de rabia, envidia y odio, que deben ser siempre contenidos.  Una violencia que ha dejado su huella en la escuela, en el transporte, en el hogar, en el asilo, en el trabajo, en las cárceles y los campos de futbol.

La violencia que ocurre en El Salvador nos obliga a pensar. ¿Por qué es tan recurrente? Para vislumbrar alguna luz tenemos que partir sin autoengaños de esta ambigüedad fundamental: la realidad por un lado está marcada por conflictos y por el otro entreverada de orden y paz. Ninguno de estos dos lados consigue erradicar al otro. Se mezclan, y se mantienen en un equilibrio difícil y dinámico. Sobretodo en un país donde la violencia sigue rimando con injusticia e impunidad.

Bien sabemos que una golondrina no hace verano. Como dice la canción: el sueño de uno es sueño, el de muchos auténtica realidad. Porque si algunos salvadoreños que viven en barrios altos «donde viven como en Miami, y miamisan la vida», se quejan de que El Salvador va mal, que el gobierno es incompetente, que los policías son corruptos; pero ¿qué hago yo para mejorar las cosas? Nada más ridículo que la persona que comete violencia más grave de abrir una bebida de valor superior al salario mensual del empleado que la sirve. Y quedando sentada, erigiéndose en juez de todo y de todos.

Por ello, cuán importante, es decretar y pronunciarnos para que, la violencia en El Salvador deje de ser su primer ministro. Y así como Lucas, que escribió convencido de que Caín y Abel no se habrían peleado si hubieran dormido en cuartos separados; debemos tratar de sepultar iras y envidias, amarguras y ambiciones desmedidas, para que nuestro corazón sea acogedor como el pesebre.

Cuán importante es que en El Salvador se arranque la espada de la mano de Herodes, para que ningún niño salvadoreño en el campo sea violentado al trabajo precoz, violado, golpeado o amenazado. Para que solo tengan derecho a la ternura y a la alegría, a la salud y a la escuela, al pan y a la paz, al sueño y a la belleza.

Un pueblo, que en vez de prender velas y veladoras, se haga presente junto a los hambrientos, los necesitados y los excluidos. Donde la violencia sea colgada, como Judas, y, selladas las impunidades, se abran corazones y puertas a la llegada salvadora de la paz.

Por ello es importante resaltar, que la paz, solo puede resultar de la gestión de los conflictos usando medios no conflictivos. Donde intereses colectivos deben sobreponerse a los individuales, la multiculturalidad prevalecer sobre el etnocentrismo, la perspectiva global orientar la local. 

Dada esto, ¿cómo debemos construir la paz en El Salvador? La paz sólo triunfará en la medida en que como salvadoreños individuales y colectivos nos dispongamos a cultivar, como proyecto de vida, la cooperación, la solidaridad y el amor. La cultura de la paz depende del predominio de estas positividades y de la vigilancia que las personas y las instituciones mantengan sobre la otra dimensión, siempre presente, de rivalidad, de egoísmo y de exclusión. 
Mauricio Iraheta Olivo.

Carta a un corrupto


Querido amigo: Su noticia en los medios me llegó con sabor a vicio. Presiento cuán molesto es para usted ver su nombre rehén de viejos zorros periódicos salvadoreños, con el peligro de ser tragado definitivamente, como Jonás, por la ballena… sin tener la suerte de salir vivo por el otro lado.

Confesarle, que a nosotros los salvadoreños, la indignación frente a la corrupción está dando paso a la resignación y a la indiferencia, pues la impunidad está tan extendida en nuestro país que la mayoría de nosotros desconfía de que haya una solución.

La teología tiene algo que decir sobre este hecho. Ella sostiene que la condición humana actual se encuentra desgarrada y decadente a consecuencia de un acto de corrupción. Según la narración bíblica, la serpiente corrompió a la mujer, la mujer corrompió al hombre y ambos nos dejaron un legado de corrupciones sobre corrupciones hasta el punto de que el mismo Dios “se arrepintió de haber creado al ser humano en la Tierra” como nos recuerda el texto del Génesis (6,6). Es decir, somos hijos e hijas de una corrupción originaria, llamada pecado original.

Usted mejor sabrá, que en nuestro país el funcionario público corrupto se caracteriza por no admitirse como tal. Experto como es, actúa siempre movido por la ambición de dinero. No es propiamente un ladrón. Antes bien, se trata de un refinado chantajista (ex-presidente, ex-ministro, diputado o alcalde), de ésos de conversación delicada, sonrisa amable, ademanes gentiles. Anzuelo sin cebo, pez que no pica.

Las mismas personas como usted que no se exponen; extorsionan. Quienes consideran la comisión un derecho, el porcentaje un pago por servicios, el desvío una forma de apropiarse de lo que le pertenece. Valiéndose de su función pública para sacar provecho para sí, su familia y sus amigos. Alguna vez, escuche de un similar suyo, quien festejando el millón de dólares que había ganado haciendo milagros en su cargo público, cambió de postura física, de placa de auto, de casa, de hábitos sociales, de mujer y de carácter. Realizando viajes con pasaje costeado por el erario público, y usando tarjetas de crédito a pagar por el presupuesto del gobierno, realizando gastos que obliga al contribuyente a pagarlos. 

Sin duda, la lógica de acciones por las cuales se le acusa ha sido corrupta: “Si yo no saco provecho, otro se aprovechará en mi lugar”. Su único temor fue ser cazado en flagrante delito. No se avergüenza de mirarse al espejo, apenas teme ver su nombre escrito en los periódicos. Confiado, jamás imagina a su hijita preguntarle: “Papá, ¿es verdad que tú eres corrupto?”

Muchas veces, la tendencia a ser corrupto comienza cuando el funcionario está más apegado a su función que a su espíritu crítico, cual loros de pirata, tratando siempre de apoyarse en el hombro del poderoso. Donde se infantiliza frente al superior: ríe de lo que no tiene la menor gracia, elogia lo que no merece consideración, trata de averiguarle sus gustos y preferencias. Se trata de un juego típico del niño que se esfuerza por seducir al adulto para, a cambio, obtener cariño y la realización de sus aspiraciones, y con ello, untarse un poco de la aureola del poder. 

Por ejemplo amigo, si usted en sus funciones dio o recibió cajas de whisky en Navidad, obsequios caros de los proveedores o facilitar vacaciones, para así disminuir los trámites burocráticos que atañen a los dineros para las obras públicas. Si en algún momento su conciencia se lo exige, si insiste, en preservar su ‘coherencia ideológica’, entonces busque otro camino. Ningún ser humano debe traicionarse a sí mismo. Y menos con bienes materiales y dinero.

Por eso, las corrupciones que estamos presenciando en los medios des-informantes de nuestro país, envuelven siempre dinero y más dinero. Hay un dicho en Ghana: «la boca ríe pero el dinero ríe mejor». Es por ello que los de su clase creen en esta ilusión.

Sin duda la historia no tiene dueños. Mucho menos los procesos liberadores. Tienen, sí, protagonistas que no se dejan seducir por los favores del enemigo, ni venderse por sobornos, ni corromperse por dinero o por cargos. Nunca confunda alianzas tácticas con estrategias. Ayude a El Salvador a recuperar su credibilidad ética y a volver a ser expresión política de los movimientos sociales que reúnen a los más pobres y las banderas que exigen reformas estructurales en el país.

Recuerde: "Para hacer una torta es necesario romper los huevos. Pero no es preciso ensuciarse las manos".

Saludos,

Por La Puerta Trasera.
En El Salvador casi nunca entendemos la violencia como la acción que alcanza al otro, excepto cuando nosotros somos las víctimas. Si la policía rodea, a la salida de nuestro barrio o comunidad, a nuestro grupo de amigos y exige que nos pongamos con las manos detrás del cuello y las piernas abiertas, mientras nos registran, lo tomaremos como violencia. Pero si vemos la escena desde la ventana de nuestro vehículo, y con la diferencia de que los detenidos son jóvenes de la periferia, admitimos que la policía cumple con su deber. Y hasta sentimos cierto alivio al saber que estamos protegidos por el Gobierno que, sostenido por nuestros impuestos, nos ofrece seguridad.



Pero si uno de los amigos protesta por el modo como está siendo palpado y recibe en respuesta un empujón, queda patente la violencia. Pero para el policía en ningún momento hubo violencia; cree que sólo está cumpliendo con su deber. Es igual que el caso del padre de familia que, al regresar del trabajo, se entera de que el hijo mayor golpeó al más chico. Para darle la lección de que nunca debe pegar a nadie más débil que él, el padre le da unos azotes al hijo mayor. Sin tomar ninguna conciencia de que está practicando lo mismo que recrimino. Ese padre nunca se considerará violento, pero si se le cuestiona dirá que es su deber educar.

Ésta es la estructura en la que se apoya la violencia en nuestro país: siempre practicada como si se tratara de un acto de justicia, legitimada por una razón superior, la defensa de la propiedad privada, los deberes de una buena educación, etc. Sin duda, ante este panorama, nos encontramos en un escenario perfecto para que la criminalidad y la violencia en el país siga prosperando. Ya que es claro, la violencia no solo florece en los barrios, comunidades y el transporte colectivo. Sino también, en escuelas, hospitales, hogares de ancianos y de familia. Porque actualmente muchos hogares salvadoreños son verdaderas casas de los horrores. Donde la mujer y niños son humillados física y psicológicamente, maltratados, pegados, a veces mantenidos en régimen de encerramiento virtual y de semiesclavitud en trabajo doméstico. Sin contar los casos de pedofilia y de agresión sexual a niñas y adolescentes por parte de su propio padre. 

Y es que cuando el país logró salir de la guerra, vino otro tipo de violencia, que hereda los males que dejo la guerra y le agrega nuevos elementos. Es la violencia provocada por el crimen organizado, por la desestructuración de las relaciones sociales, por la inequidad, por la falta de oportunidades y por la desesperación, que ha provocado una verdadera cultura de la violencia.

Por ello y mas nuestra nación, junto con Guatemala y Honduras generan el 87% de los homicidios, consignados en el Triangulo Norte de Centroamérica, región que actualmente se considera la más violenta del mundo en la que no hay guerra. 

Lo más importante, es que ningún salvadoreño debe quedar indiferente frente a esta crisis sometida por la espiral de violencia y miedo. Donde los asesinatos, masacres y robos se repiten cada día. Y lo peor: la población se siente insegura ante la policía y el órgano judicial. Quizás alguien que viva en Estados Unidos o Europa se pregunte ¿Por qué tanta violencia en este pulgar de país? Bueno, ponga diez ratones en una caja y verá que al poco tiempo se estarán agrediendo unos a otros. Lo mismo ocurre en nuestra sociedad, cuando está confinado en espacios urbanos opresivos, donde los niños no disponen de plazas y parques, donde los jóvenes no cuentan con centros deportivos y culturales, y los adultos no tienen dónde reunirse si no es en el bar de la esquina.

Un país en el que brilla la psicosis, donde se cometen crímenes horripilantes que erizan la piel. Los cristianos conocemos la matanza de los niños inocentes ordenada por Herodes. Donde los textos sagrados traen las expresiones más conmovedoras: "En Ramá se oyó una voz, mucho llanto y gemidos: es Raquel que llora sus hijos y no quiere ser consolada porque ya no existen” (Mt 2,18). Algo parecido ocurre con nuestras familias víctimas de la violencia.

¿Y qué esperar de la actitud orientada por el pasado -mirando por el retrovisor-, para elegir nuevamente en el país al mismo Director de la Policía? Sin duda, no se requiere una bola de cristal para saber que, para el combate a la violencia se exige cambios más profundos en nuestras instituciones. Que precisamos una policía bien preparada y bien pagada, dotada de recursos de alta tecnología para las investigaciones, más orientada a la prevención que a la represión. Donde nuestro sistema penitenciario necesita dejar de ser depósito de escoria humana para transformarse en centros de recuperación mediante estudio, deporte, artes y calificación profesional.

Porque la violencia ha sido una piedra en el zapato de nuestra sociedad y gobiernos. Pero entonces, ¿qué podemos hacer al respecto? La respuesta es fácil y difícil al mismo tiempo, ya que todos nosotros podemos ser médicos y combatir con éxito la epidemia de violencia. No podemos dejar todo el trabajo en manos del gobierno y de las organizaciones no gubernamentales, cuyos recursos y capacidades de respuesta pueden ser muy limitados.

Por eso tenemos que informarnos, leer constantemente sobre el tema, hablar con las personas y sensibilizarlas. La violencia –como cualquier virus– no es invencible, sólo hace falta ser conscientes de las medidas preventivas y reactivas, "vacunarnos” con la información objetiva, cuidarnos y cuidar a nuestros seres queridos, y por supuesto, correr la voz para no dejar que se propague. Esto para algunos puede parecer que no es mucho, porque las esperanzas se marchitan con facilidad, pero tampoco es poco, cuando se profetiza que ya estaba muerta. Porque a pesar de las dificultades por las que atraviesa el país, somos un pueblo viciado de optimismo. Donde tenemos por costumbre guardar el pesimismo para días mejores. Y optar como método de que la vida cura la vida y el amor supera en nosotros el odio que mata.

Mi sirvienta no es trabajadora....es empleada!!

María Dolores cocinando
Y dijo la señora: ¡Imagínate, ahora mi empleada es amparada por el gobierno, con esas leyes absurdas! Como si nosotros, los patronos, no tratáramos bien a esas desgraciadas, que nacen en una champa, en medio de la pobreza, y tienen la suerte de encontrar un empleo en nuestras familias.

La María Dolores, por ejemplo, no tenía dónde caer muerta. Su padre borracho, su madre tortillera, un cachimbo de hermanos. La muchachita comenzó aquí, en esta casa, como cuidadora de mi hijo pequeño Jorge. Yo le enseñé hábitos de higiene, le di un uniforme blanco, dejé que llevase para su casa lo que sobraba de las comidas que mi marido ofrece a sus clientes.

Le pagaba medio salario mínimo, más el transporte. En su cumpleaños y en Navidad se le dan regalos. La pobre chica se deshace en agradecimiento, tan generosa soy con ella. Ella cuida bien de Jorge: le limpia el popó, le baña, lava y plancha sus ropas, nunca se olvida de darle la pacha a sus horas. Le lleva todas las mañanas a tomar el sol en la placita y donde cada tarde saca a pasear al doggy. Nunca se quejó cuando era necesario permanecer en casa más allá de la hora convenida.

A veces yo y mi marido vamos a comer fuera y la Dolores se queda con el niño, le hace dormir y después se pone a ver la tele hasta que nosotros regresamos. Nunca reclamó salir después un rato. Pero ahora viene el gobierno con esa historia de pagarles un seguro social.

Todo eso resulta peor para el trabajador, como hace mi marido en su empresa. Pues la Dolores no es trabajadora, es empleada. Como Fátima, nuestra cocinera. Ya lleva trabajando nueve años con nosotros. Está separada del marido, sus dos hijos son adultos, ella duerme aquí en el cuartito de la empleada y sólo va a visitar su familia los domingos.

Nunca ha reclamado por esa buena vida que le hemos dado. Al contrario, está agradecida por dormir en un lugar seguro, confortable, con sábanas limpias, baño privado, lejos de aquella promiscuidad que reina en la casita en que vive su familia en el campo, donde viven su hermano, su cuñada y los cuatro hijos de ambos.

¿Por qué viene ahora eso de los derechos laborales para quien está feliz de la vida? Esta morena, si hubiera nacido hace dos siglos con toda seguridad habría sido esclava. Ahora tiene su cuartito ordenado, televisión, acceso libre a la nevera de la familia. Y come de la misma comida que ella prepara para nosotros. ¿Acaso ella comería por ahí camarones empanizados, ceviche de mariscos o codornices rellenas?

¡No sé por qué el gobierno se mete tanto en nuestras vidas! ¿Acaso piensa que somos una banda de esclavólatras que trata mal a los empleados? Ya basta de burocracia. Ahora voy a tener que pagar, además de los salarios, el seguro social para mantener aquí a Dolores y a Fátima. ¡Ahora solo falta que ellas necesiten tener pensión en su vejez!

La madre de Fátima, que trabajó veinte años en casa de mi suegro, al jubilarse fue a vivir al campo, donde nació y donde gozó de un retiro rural. ¿Necesita acaso el gobierno crear más burocracia para nosotros, los patronos, que damos empleo a quien no tiene instrucción, ni casa propia ni dónde caer muerto?

Hace tiempo mi marido y yo entramos en un avión y en el asiento del pasillo, al lado nuestro, había un hombre mal vestido, con cara de peón de hacienda, que a la hora de servir la merienda preguntó si era gratuita… Sí lo era.

En los viajes por avión de rutas a Miami ya no se da aquel glamour de antes, con las aeromozas sirviendo güisqui, vinos y platos calientes. Ahora están todos revueltos e insisten en mezclar gentes de clases sociales diferentes, y hasta comiendo ese pollo campero como si todos procedieran de la misma cuna.

Dios mío, ¡a dónde irá a parar El Salvador con este modo de pensar!

Mauricio Iraheta Olivo

El Salvador hambriento

Niño en comunidad "Bendición de Dios", Soyapango. Esta comunidad recibió su nombre, porque fueron las últimas familias en llegar y donde realmente esperaban que por la Gracia de Dios no pasara nada malo, ya que ahí es un ex botadero de basura (cubierta por una capa de tierra que no supera los 30 cms) y donde también pasa una quebrada.

Muchas personas de clase media alta y alta en el país dirán “Pobreza es la de África” y “Violencia es la de medio Oriente”; pero aquí, en El Salvador nos encontramos con algo similar si no peor a estos dos escenarios, y donde muchas veces la realidad supera a la ficción. 

Ejemplo es el caso del acceso a los alimentos, donde la situación se agrava. Donde en ciertos cantones y comunidades. Desde hace meses se soportan problemas con las cosechas, al punto de que han optado por estrategias de supervivencia “uno-cero-uno” para niños y “cero-cero-uno” para adultos. La ecuación representa las tres ingestas diarias. Uno es comer y cero es no ingerir nada. Los hijos de una de las familias desayunan, no almuerzan y luego comen algo en la noche. Y los padres lo hacen una vez al día, en la noche.

Según la UNICEF, para el caso de los niños en El Salvador, las manifestaciones más comunes que sufren son: la anemia por deficiencia de hierro; retardo en el desarrollo psicomotor y en la productividad escolar. Y donde el 42% de los bebés entre 12 y 17 meses sufren esta enfermedad derivada por la desnutrición crónica.

Y es que tan grave es la situación, que una madre comentaba, de como llego al punto de matar un día a un torogoz por el simple hecho de no soportar su hambre y el de sus hijos. O de la vez, cuando una familia me relataba la noche en que sin querer dejaron las tortillas sobre la mesa, encontrando al siguiente día solo migajas de masa regada por los ratones en el suelo. Las que lavaron y luego cocinaron, porque en estos rincones no pueden darse el lujo de botar la comida.

Esta y miles de historias son las que se viven y se repiten en el diario vivir de muchas familias en El Salvador. Y como bien decía Gramsci: “El pueblo tienen las vivencias, pero muchas veces no comprende su situación”.

Mauricio Iraheta Olivo.

Hermano migrante


"Sin duda viviremos esta tierra,
 y esta historia en éxodo constante.
En lucha incansable,
con tensa alegre esperanza de liberación.
¡Porque migrantes somos todos!
Y si nuestro camino tiene un Norte
sabor a desierto, tren o río,
siempre en el se mantiene vivo
el Dios de rostro curtido.
Un viaje que tiene un sueño,
un simple, profundo,
y encantador sueño:
Volver a mi madre primera,
mi dulce y cariñosa tierra....".

A mi hermano migrante.

Mauricio Iraheta Olivo

Mujeres y violencia

Fachadas de casas en Suchitoto y sus alrededores. Foto: Mauricio Iraheta Olivo

Viernes nueve de la noche. En medio de la lluvia entraron a la casa varios sujetos y balearon sin decir nada a Mirna. Adolescente de una comunidad aledaña a Suchitoto. Carmen su abuelita, espantada por los ruidos de las balas salio de su cuarto con cierta desconfianza limpiandose apenas el sueño en sus ojos. Cuando en aquel momento ve a su nieta que yace sobre el suelo. Angustiada la abraza y desconsolada se pregunta:

—¿Por qué, por qué, mi Dios?

En aquel momento ya vecinos y conocidos se habían acercado. La escena era estremecedora, al ver aquella viejtita con grito y llanto abrazar contra su pecho a la nieta. Uno de los vecinos se arrodillo y tomándola consuela su dolor. Y es que en la comunidad de Carmen todos conocen el dolor del otro a partir del propio. Allí se llora a los muertos: cuatro en la última semana. Allí se contienda el sufrimiento y se alimenta la indignación.

Por ejemplo, la campaña “Ciudades sin violencia hacia las mujeres, ciudades seguras para todos", implementada por la Agencia para el Desarrollo de la Mujer de Naciones Unidas (UNIFEM) y la Colectiva Feminista para el Desarrollo Local de El Salvador, se han desplegado en Suchitoto para pintar lemas en contra de la violencia de la mujer, con el fin de sensibilizar a la población.

Sin embargo, habitantes de la zona, aún teniendo la fachada de sus casas pintadas con un sello, no saben qué significa o que pertenece a una campaña contra la violencia a la mujer. “No, no sé. A mí me preguntaron y yo les dije que sí lo pintaran”, agregó una residente de la comunidad. Por su parte, un agente policial afirmaba: “En la realidad, pintan cosas en la pared, pero no hay actividades que ayuden a prevenir. A veces, en los mismos hogares hay víctimas aunque esté el rótulo ahí”.

Mientras tanto, al día siguiente del asesinato de Mirna. En la funeraria un insólito error se registró, cuando se percatan que de medicina legal le han entregado a Carmen otro cuerpo que no es el de su nieta. Siendo el de una joven, que por sus rasgos parecía haber sido cegada de la misma manera. Preocupada, la anciana se dirigió a San Martín para resolver semejante equivocación. Una vez en el lugar explicándole a la recepcionista lo sucedido, ella le replico: "Si creo que su nieta es la que se llevaron a la morge de Ilopango por error, pero siéntese ahí ya la vamos atender".

Acomodándose con los nervios casi de punta la anciana toma asiento. "Anda bien grosera la recepcionista", dice la señora de la limpieza acostumbrada a las incidencias del lugar. "Es un barbaridad lo que han hecho con mi nieta", le dijo Carmen, "según ellos, se la entregaron a otra familia de Ilopango.... "¡Uffff!... usted no es la primera que le pasa eso acá", comenta sin inmutarse, "Aquí los muertos se pierden de a gratis".

Mauricio Iraheta Olivo.

Arcatao: "Y sus fieles cristianos aguacateros"

Iglesia de Arcatao, Chalatenango. Foto: Mauricio Iraheta

Algo curioso circula entre salmos y abrazos de paz en la parroquía de Arcatao los días domingo. Y es que a la misa, se han acercado ciertos feligreses de los que no es usual ver en otras celebraciones de domingo y en otras parroquias de ciudad o pueblos. Quienes desde muy temprano se dieron cita a la eucaristía. Acercándose con discreción, solemnidad, y hasta con cierta serenidad a las bancas y corredores del espacio religioso. 

La celebración ha dado comienzo. Y el interés que guardan a la Palabra del misterio, es más atenta que la que prestan los mismos santos. Contemplando con su mirada impasible, fija y cristalina al crucificado. Muchos de estos cristianos han preferido omitir santigüarse, -para eludir cualquier sospecha de malagüero de sus pulgas-. Sin embargo, hay algunos de sus prójimos que los ven de reojo y hasta con cierto desdén. Y no hay mas de alguno que aflojando un mate de punta pie, expresa irrespetuosamente el: ¡ssshhhh vaya para allá!, ¡¿que esta haciendo?!, ¡salga de acá! 

Pero pese a ello, estos fieles no renuncian a su plegaria. Ya que son verdaderos fieles. ¡Fieles cristianos! Y aunque tampoco profesen comulgar y confesarse con el Padre Miguelito, son distintos a los que buscan pegarse el pecho para el perdón de sus pecados. Ya que su Fe da verdadero fruto. Porque consideran como su primer mandamiento el: "Amar y ser fiel a su prójimo".

Y es que son así. Los perrunos religiosos y cariñosos "aguacateros" de Arcatao. Los tiernos perros que se dan cita a cada eucaristía del día domingo. Donde los hay de toda apariencia, clase y tamaño. Algunos un tanto flacuchos, de caminar desviado y hasta renco; otros pequeños peludos y de salto caminar; los de orejas a medio doblar, dobladas o replegadas como radar; los de tes marrón, blanco o negro; los exoticamente atigrados, los polvosos, jiotosos y hasta de rabo misterioso.


Perro Aguacatero, Foto: Mauricio Iraheta
Muchos se preguntaran: ¿Qué hacen estos seres en misa? ¿En que meditan estos apóstoles de San Francisco de Asís? ¿Acaso buscan el perdón de sus pecados? ¿O buscan prender una vela para un milagro? Algo similar le venía a la mente al Padre jesuita esa mañana al ver tanto cuadrúpedo entre rezos y ofrendas. Sin embargo, algo curioso se vislumbra y que no han notado muchos aquella mañana. Y es que el número de caninos iguala casi al número de niños en la misa. Los cuales se encuentran a los pies de cada infante, como aguardando ese momento en que el párroco autorice el intercambio para el abrazo fraterno de paz.Y no es de extrañar, ya que es esta la razón principal de la presencia perruna en la celebración del Padre Miguelito. Pues niños de las comunidades aledañas, emprenden caminos solos para darse cita a la eucaristía de cada domingo, donde entre las veredas del campo y la milpa, figura la inseparable compañía del cómplice y amigo de aventuras: Su perro. Fiel amigo guardián y sombra. Quien a compás de entusiasmo de cola, se suma a la bienaventuranza de su paso y ahora también al de su rezo.
Mauricio Iraheta Olivo.

Pastor Asesino

Chico en la comunidad Las Vegas, Chalatenango. Foto: Mauricio Iraheta

Fue una tarde de viernes cuando "chico" -como cariñosamente era conocido-, recibió cuatro dólares en pago por la recolección de hojas de huerta y rajas de leña que sirvieron para la preparación de tamales. Ya que ese próximo domingo, la parroquia de la comunidad estaría festejando la primera comunión de ocho niños -entre ellos Alexis su sobrino de 12 años-.

Es esa misma tarde, cuando Chico aprovecho para ir a comprar sus cigarrillos -y así cambiar el billete de veinte dólares con el cual le habían pagado- en la tienda de la comunidad mas cercana: Nueva Trinidad. Según relatos de algunos testigos, en el momento que él se encontraba en la tienda dos jóvenes -aparentemente embriagados- se le acercaron, y al verlo pagar con el billete le dijeron: "¡vos danos un dólar!". Chico les respondió que el dinero no era suyo y que por tanto no podía disponer en darles lo que le demandaban. Al darse la vuelta para retornar a su casa, no se percato que a sus espaldas, uno de los muchachos se le abalanzo con una piedra en sus manos. Esa tarde, Chico, fue brutalmente asesinado por los constantes golpes de piedras que recibió en su cabeza. 

Al día siguiente amigos y parientes de la comunidad Las Vegas y Arcatao, se manifestaron con velas y pancartas exigiendo justicia por lo sucedido al amigo. Pero de nada valió. Porque seis meses después de ese viernes el asesino salio libre -gracias a la justicia del soborno-, ya que el hermano del homicida que vive en Estados Unidos le envió $5,000 como remesas para pagar al juez. 

Es así como Chico se sumo a uno de los tantos episodios de violencia que vive El Salvador. Lamentablemente, este es el Reino de la impunidad y de la inmunidad que asola a nuestro país. Porque defender los derechos humanos es todavía considerado como una necedad. Donde la justicia es ciega cuando se trata de penalizar a los criminales. 

Y por si fuera poco, resulta que ahora el asesino de Chico se pasea de corbata y libro bajo la manga por las veredas de la comunidad. Resulta que es el nuevo Pastor, fundador de una iglesia cristiana que lleva como titulo: "Templo adventista salvador de almas".

Mauricio Iraheta Olivo.


Pobreza Salvadoreña

Madre con sus dos hijos en una comunidad marginal de El Salvador
Usted conoce el cono del helado: se coloca la bola encima y cuando se derrite se derrama un poco del helado por la parte inferior. Al comer el final del cono la punta inferior suele estar seca, sin helado. Bueno pues algo parecido es la distribución de la riqueza en El Salvador, según la CEPAL en su informe “Panorama Social 2012”, El Salvador cuenta con un 46,6% de su población en la pobreza, y un 16,7% en la indigencia –siendo la mayoría de estos jóvenes y ancianos-. Con un 20% de su población que tiene en sus manos el 82% del capital nacional, y donde para la última década los gobiernos de turno han neutralizado los proyectos y políticas sociales –tan importantes, pero insuficientes–. Por eso el problema número 1 del país no es económico, es simplemente ético.

Mauricio Iraheta Olivo.

Mensaje de Ignacio Ellacuría

Ignacio Ellacuría
Para los amigos y amigas, 

Queridos: Si estuviera entre ustedes, el 9 de noviembre celebraría mis 85 años de vida. Pero el buen Dios quiso llevarme antes a disfrutar de su visión martirial. Además el cielo no tiene nada de aquella imagen idílica que se imagina uno en la Tierra. Nada de ángeles arpistas y nubes color de rosa, aunque la música de Bach tiene mucha audiencia. 

Junto con mis cinco hermanos desde el pasado 16 de noviembre de 1989 entramos en la intimidad de las Tres Divinas Personas. Y desde entonces entramos en permanente estado de pasión junto a Rutilio, Romero y el bueno de Dean que recientemente se nos ha sumado. Donde hemos sido arrebatados por tanto amor, que el corazón experimenta una felicidad indescriptible. 

El cielo es tierno, lo cual no impide que experimentemos indignaciones. ¿No hizo Jesús figurar entre las bienaventuranzas el hambre y sed de justicia? Cuando miro a la Iglesia Católica confieso que antes sentía, no frustración, sino un punto de tristeza con el papa Benedicto 16 que no transmitía alegría y esperanza. Le faltaba el profetismo de Juan 23 y la empatía de Juan Pablo 2°. Ahora con francisco nace una nueva esperanza. 

Actualmente, los sacerdotes cantores atraen más discípulos que los que se dedican a los pobres, a los campesinos, a los niños de la calle, a los enganchados a los químicos. En las misas-espectáculo los templos se ven abarrotados, en tanto que en los seminarios la enseñanza de la filosofía y la teología suele ser superficial. 

No es estimulada la vida de oración, muchos buscan el sacerdocio para obtener prestigio social y, a veces, el moralismo predomina sobre la tolerancia, el triunfalismo supera al espíritu ecuménico. ¿Hasta cuándo serán discriminados los homosexuales por quien se considera discípulo de Jésus? 

Ignacio de loyola, con el que echo mis buenas parrafadas, recuerda que sin referencia al pobre, sacramento vivo de Dios, Cristo corre el peligro de acabar en un mero concepto devocional legitimador de un clericalismo que no tiene nada de evangelico o profético. 

Le he dicho a San Pedro que sueño con una Iglesia en que el celibato sea opcional para los sacerdotes y que las mujeres puedan celebrar la misa. Una Iglesia libre de las ataduras del capitalismo y en la cual los oprimidos se sientan en su casa, animados en la búsqueda de justicia y de paz. 

En cuanto a El salvador, lamento que la violencia, por la cual tanto me pronuncie todavía perdure, amenazando la vida de los salvadoreños la mayoría niñas y niños. 

¿Para qué tantos gastos en formas de segar vidas e inversiones que degradan el medio ambiente? ¿Por qué tan pocos recursos para obtener alimento -don de Dios- accesible a la mesa de todos los salvadoreños? 

Al conmemorar nuestro aniversario del martirio acuérdense de los principios y objetivos que orientaron nuestra vida. A pesar de calumnias y persecuciones viví 58 años felices, pues nunca deje de admirar la personalidad del pueblo salvadoreño. Sin embargo, lamento que sus políticos y gobernantes continúen sin poder rescatar la dignidad de la nación la cual es humillada por hechos que todos conocemos. Siguen sin poder presentarse con la oligarquía y poderosos del capital con una perspectiva de la justicia y de la honradez del pueblo salvadoreño. Y no se han empeñado en llevar a juicio aquellos que han asesinado, torturado y secuestrado a centenares de personas. 

También como sería de importante que se rescate a los jóvenes con una política de país, en la búsqueda del bien común y algo altamente ético que vaya más allá de los intereses corporativos de las empresas. 

Pero al final quiero decir una palabra personal al pueblo salvadoreño, yo quiero solidarizarme y estar junto con ustedes en su sufrimiento porque se lo que significa tener a un compañero que lo acompañe en todo. Pero ustedes son hombres de fe y saben que el destino humano no termina en la muerte, sino, que se transfigura en ella. Porque nosotros no nacimos para morir. Morimos para resucitar y para vivir más y mejor. Y que esa visión que compartimos de la fe cristiana puedan servirles de consuelo, porque los muertos no somos ausentes, somos tan solamente invisibles. Lo que significa que nosotros estamos presentes acompañando sus pasos y su vida. 

Con mi solidaridad, mi amistad.
Ignacio Ellacuría teólogo de la liberación. 
Teólogo de El Salvador.

  
Mauricio Iraheta Olivo.

Mauricio Funes abusa de nuestra paciencia

Mauricio Funes

"¿Hasta cuándo, Mauricio Funes seguirás abusando de nuestra paciencia?", quien haya podido seguir el reciente discurso pronunciado en la Asamblea General de las Naciones Unidas se preguntara: "¿Qué gobierno es el que en realidad esta administrando? ¿En que país del mundo mantiene sus sentidos?”. En su intervención subrayo que El Salvador es un claro ejemplo de democracia joven para la resolución de conflictos y que con la alternancia después de 20 años de gobierno, se ha dado paso a un nuevo movimiento renovador para el estado de derecho y funciones de la democracia. 

Pero ha olvidado decir que la actual administración ha llevado a cabo una revolución salvadoreña en el sentido contrario: Incapaz de realizar transformaciones que reestructuren la vida de un país de manera adecuada a sus necesidades más generales y profundas, y a las aspiraciones de la gran masa de su población…. algo que lleve la vida del país por un nuevo rumbo. ¿Por cuánto tiempo más todavía se va a burlar de nosotros con esa locura suya de maquillar la realidad? ¿A qué extremos va a llegar su audacia sin freno? Es necesario que diga que las transformaciones no han ocurrido, que las necesidades más básicas de comer, vivir, trabajar, estudiar y tener luz y salud no han sido, en gran parte, satisfechas por aquellos salvadoreños que mas lo necesitan. Que su administración ha dado un viejo rumbo a nuestro país, un rumbo que confiere la dignidad siempre negada a las grandes mayorías. Que traiciono a la promesa de la que muchos creyeron en erradicar la violencia y de poner el acento en lo social. Su actuación ha sido tan impactante que será considerado como sus predecesores gobernantes, que se revisten de bellas palabras y de propuestas ilusorias pero fundamentalmente neoliberales y no-populares, que ha permitido la actuación libre del capital privado nacional, articulado con el mundial y el cual ha logrado preservar el poder económico de las minorías y elites del estado a la cual el mismo hoy se ha sumado. 

Igualmente hizo referencia de que luego de cinco meses de conflicto institucional entre la sala constitucional y asamblea legislativa del país, está encontró una feliz solución, que la cifra de asesinatos se ha reducido en 3,8% por día, que la administración del gobierno se ha basado en: “Con el pueblo todo y sin el pueblo nada”. Y que a base del dialogo se puede solucionar conflictos. Sin duda esa ha sida un escenario y una visión de país propia nada más desde la silla presidencial y no de nuestro pueblo salvadoreño. 

Pero me pregunto "y ahora, ¿qué vida lleva Mauricio Funes?” Acaso no ha notado de que El Salvador se esta haciendo cada vez más pequeño. Que no necesitamos de los sueños visionarios de los medios des-informante porque tenemos los hechos ante nuestros ojos. Es claro que ni la violencia en las calles, ni el desempleo de miles de jóvenes, ni las extorsiones en hogares y negocios, ni las violaciones hacia niñas y mujeres, ni la corrupción tan protegida por algunos políticos, ni el endeudamiento del estado que pone en riesgo la pensión de muchos jubilados, ni el hacinamiento y precariedad que se vive en cárceles, ni el hambre y trabajo infantil que acampan en los campos y barrios, ni los secuestros, ni el temor de muchos salvadoreños al hacer uso del transporte colectivo, ni la precariedad que se vive en hospitales y escuelas publicas, ni los toque de queda a manos de pandillas que controlan barrios de Apopa, Soyapango, Ilopango y San Salvador ¿nada de eso ha conseguido perturbarle? ¿Podrá algo de lo anteriormente mencionado lograr que de su brazo a torcer y admitir sus desaciertos? 

Sin lugar a dudas estuvo totalmente ausente en su discurso admitir que las reglas del juego continúan preservando el poder económico de las minorías y elites del estado. Y que las consecuencias de seguir su proyecto político coloco la nación por debajo del mercado, sin conceder una posición central a lo social-popular, consiguiendo con ello desintegrar a miles y miles de personas, hoy condenadas a la exclusión y a morir antes de tiempo. Y gracias a las obligaciones que ha asumido por la macroeconomía neoliberal, sometiéndonos a los dictámenes provenientes del FMI, del Banco Mundial, BID y de otras instancias que dirigen el curso de la globalización económica. Nos cerró el camino propio, y ahora nuevamente nos ha puesto en jaque con la propia reproducción del sistema del capital. 

Sin duda el destino de El Salvador dentro de esa opción, está más pendiente de las megafuerzas que controlan el mercado mundial que de las decisiones políticas de los salvadoreños. Perpetuando así políticas pobres para los pobres y ricas para los ricos. Donde las políticas sociales no pasan de migajas. Y que los portadores del proyecto neoliberal son sectores ligados a las élites económico-financieras, modernas en el estilo de vida pero conservadoras en el pensamiento, los representantes de las multinacionales con sede en nuestro país y las fuerzas políticas de la modernización tecnológica sin transformaciones sociales. 

Pero lo más grave en su discurso, fue la solicitud hacia el gobierno de Estados Unidos para el apoyo en el control del narcotráfico en el país, sin duda una pronunciación para “El exterminador del futuro”, que nos muestra un escenario tenebroso que posee una función anticipatoria y que despierta peligrosamente los demonios que nos habitan. 

A muchos de nosotros la historia nos ha demostrado que el futuro está del lado de los sueños, no de cualquier sueño, sino del sueño que se traduce en historia. Y que se caracteriza por la “confianza en la capacidad humana de evolucionar hacia formas superiores de convivencia” y que acoge “el reto mayor y más bello, el de humanizarse”.

Esa utopía posible se puede construir entre todos los salvadoreños, mediante el diálogo permanente, la solidaridad a partir de abajo y la ética de la com-pasión con los miles y miles de salvadoreños que padecen miseria y hambre. Por ello es necesario predicar la única revolución posible en este tiempo que vive el país, la anclada no en ideologías o en las políticas convencionales, sino en una coalición de fuerzas éticas y morales, coalición fundada en la sensibilidad humanitaria y en la inteligencia emocional, es decir, en aquellas dimensiones que movilizan a las personas y las lleva a cambios efectivos. Porque el verdadero camino de la paz es la lucha, sin tregua, contra cualquier injusticia, una guerra de la que todos debemos salir vencedores.

Mauricio Iraheta Olivo 



El Dean Brakley que yo conocí

P. Dean Brakley SJ

Conocí a Dean Brakley cuando él trabajaba como catedrático del departamento de teología de la UCA. Hombre de mil actividades, dotado de profundo sentido crítico y de profunda pasión en cada una de sus cátedras teológicas, tenía el don de dialogar con cualquier persona, de cualquier nivel. Figura muy carismática, era ejemplo de que la vida activa y contemplativa caminan juntas. Abrió las puertas de su corazón que notaban una espiritualidad amorosa, interiorizada, alegre, que se alcanza a través de la meditación, del silencio, de la renuncia a todo lo que nos aliena y a lo superfluo, de la confianza en que Dios nos ama apasionada e incondicionalmente. 

Ingresó a la Compañía de Jesús a los 18 años, pero su caso de amor con Dios se reveló una vez mas como una gran pasión veinticinco años después, en 1989, al sentirse llamado en ofrecerse de trabajar en El Salvador luego del asesinato de los seis sacerdotes jesuitas y sus dos colaboradoras en la UCA. 

Una de las grandes revoluciones obradas por Dean en El Salvador fue precisamente invertir los polos, donde con su trabajo y espiritualidad nos mostró que no son nuestros méritos los que nos hacen más próximos a Dios, sino nuestra capacidad de hacernos más próximos a nuestros semejantes y de abrirnos al amor gratuito de Dios. 

Sin duda con su muerte se apago una mirada, una luz, el relámpago que nos permite descifrar, entre gritos y susurros, la hora del amor y también la hora del lobo.

Donde muchos al mirar El Salvador no lo hacemos de igual manera. Depende de los lentes que nos ponemos delante de los ojos. Hay ojos límpidos que encubren diabólicos visionarios; otros, sombríos, conservan una aguda lucidez. La miopía, antes de ser una anomalía del globo ocular, es una deformación de la mente. Sólo se conoce bien a una persona cuando se desvela su óptica de las cosas. 

Por eso el paso de Dean en El Salvador con su carisma y trabajar, dejo muy bien abiertos los ojos de quien lo conocimos, siempre fijando a un El Salvador más en la Tierra que en el cielo, más en el ser humano que en el divino, más en los misterios del alma y del descifrar el por qué en las incongruencias de las desigualdades sociales del país, y quien hizo de la subjetividad la materia prima de sus homilías, donde muchas veces pronunciaba su indignación ante la realidad vivida por la corrupción, violencia, pobreza y exclusión, muchas veces paralizada por la indiferencia y el miedo, y que se esconde en ese silencio amargo que nos impide saborear lo que la vida tiene de mejor para los salvadoreños. 

Nacido en Nueva York y cariñosamente llamado por algunos como “Marine de Dios”, tras la acción y corazón de Dean siempre se escondían y revelaba aquel hermano, amigo, profesor, jesuita y humano. Quien con su vivencia y convivencia con los más desfavorecidos, troco el veneno (injusticias, opresión y odio) en savia. 

Dean Brakley siempre dispuesto por naturaleza a la humildad y el amor, transvivencio y entro en la intimidad de las Tres Divinas Personas un día soleado de domingo a las 11:00 a.m. y ya desde ese día vive en permanente estado de pasión y felicidad indescriptible junto a Romero y sus hermanos mártires. 

Mauricio Iraheta Olivo.

El Salvador: “La independencia esta intacta en su dependencia”


Es probable que, en los 191 años transcurridos desde la independencia centroamericana hasta nuestros días, los salvadoreños no hayan conocido un período tan desprovisto de utopías como el actual. Es por ello que olvidemos por un momento nuestra visión normal de las cosas e intentemos hacer una lectura de nuestra crisis actual en el marco de nuestro tiempo. Tal vez así la entendamos mejor, la relativicemos y ganemos altura en función de la esperanza. 

Muchas personas de clase media alta y alta en el país dirán “Pobreza es la de África” y “Violencia es la de medio Oriente”; pero aquí, en El Salvador nos encontramos con algo similar si no peor a estos dos escenarios y donde la realidad supera a la ficción. Y donde la historia y perspectiva, desde las grandes mayorías para el orden actual del país es un orden en desorden, producido y mantenido por las fuerzas y empresas que se benefician de él, aumentando su poder y sus ganancias. 

Y si durante todo el siglo XX, los Estados Unidos manejó a su antojo sus vínculos con El Salvador, el XXI comienza con un poderío aún más incontrastable. No sólo seguirá queriendo producir riqueza y seguir consolidando poder y control a través de sus bases militares en el país. Sino que basta hoy día con apretar el botón de la televisión o del computador para inyectarse de la cultura occidental y donde la vida se despliega ante los ojos infantiles en lo que ella tiene de más sórdido: los rambos justicieros por encima de la ley; la teleprostitución donde nos proyectan, venden e inyectan el modelo o prototipo a seguir para desenvolvernos con éxito en la sociedad; los ratoncitos que rugen ante la boca del león, haciendo de la tragedia humana un elogio de la disputa del mercado; los programas de horas picos repletos de vacío, arrancando aplausos a la ridiculización del ser humano. 

Actualmente la gran mayoría de los salvadoreños están homogenizados en gustos, ideas, en consumo, en valores, conforme a un solo tipo cultura (occidental), de relaciones (virtuales), de música (rock), de comida (fast food), de lengua (ingles), de modo de producción (mercado capitalista), de desarrollo (material). Donde muchos terminan convirtiéndose evangelizados y fieles dependientes por este sistema, el cual ha ido mal, y que nos ha destruido y expoliado bastante. Es por eso y mas, que El Salvador no puede continuar muriéndose a medio vivir, porque potencialmente cuenta con un valor humano rico y creativo, sin embargo, muchos están desocupados, con hambre, con incultura, con miseria moral y miseria fisiológica. 

Pero tampoco es un secreto que el gobierno y el político salvadoreño durante décadas ha estado arrastrando los pies en cuanto los asuntos de seguridad y bienestar social para los más desfavorecidos del país. Donde la brecha entre el sector rico y pobre ha crecido hasta convertirse en un abismo sin precedentes. Ejemplo de ello, es el caso del acceso a los alimentos, donde la situación se agrava. Doña Yamileth, quien reside en el cantón Cocapayo, ubicado en el municipio de Suchitoto, comenta como en su comunidad desde hace meses soportan problemas con las cosechas, al punto de que han optado por estrategias de supervivencia “uno-cero-uno” para niños y “cero-cero-uno” para adultos. La ecuación representa las tres ingestas diarias. Uno es comer y cero es no ingerir nada. Los hijos de doña Yamileth desayunan, no almuerzan y luego comen algo en la noche. Ella y su esposo lo hacen una vez al día, en la noche. “¡Pero fíjese como algunas veces nos gana el hambre, por ejemplo hace dos días, cuando estaba sola con mi hija de 3 años tuve que matar de una pedrada al torogoz que solía pasearse atrás de la casa para al final cocinarlo” – decía Yamileth- “¡O la otra vez que sin querer dejamos las tortillas sobre la mesa y al día siguiente encontramos aquel migajero regado por los ratones en el suelo…..pero no quedo mas que lavarlo y cocinarlo, porque acá no podemos darnos el lujo de botar la comida!. Esta y miles de historias son las que se viven y repiten en el diario vivir de muchas comunidades en El Salvador. Y como bien decía Gramsci: “El pueblo tienen las vivencias, pero muchas veces no comprende su situación”

Sin embargo para muchos políticos y empresarios, sentados en sus escritorios y oficinas climatizadas hacen caso omiso a las verdades y realidades que adolece el país -pobreza, analfabetismo, enfermedades, embarazos prematuros y desnutrición- las mismas que tienden a quedar en el invisible por parte de los medios des-informantes. Sin duda vamos marchando bien hacia el precipicio. Malcolm X tenía razón cuando advirtió: “Si no tenéis cuidado, los periódicos os convencerán de que la culpa de los problemas sociales es de los oprimidos y no de los opresores”

Es claro que ninguno de nosotros escogió la familia en que nació. Si no padecemos necesidades básicas es por mero azar de la lotería biológica. En El Salvador, de cada tres nacidos vivos, dos ven la luz en la pobreza o en la miseria. Por eso, nuestra condición de vida digna no debiera ser enfocada como un privilegio sino como una deuda social. Es injusto que exista la lotería biológica en donde muchos tengan que refugiarse en la economía informal y la migración. También es preocupante constatar que en nuestro país el alcoholismo se inicia hacia los 12 años y aumenta su consumo en la franja inferior a los 16 años. Mientras otros están expuestos a la publicidad invasiva e implacable de alimentos de bajo o de ningún valor nutricional, ricos en grasa, azúcar o sal. 

Ya nuestro teólogo mártir Ellacuría propugnaba «la civilización de la pobreza» De la cual si continuamos haciendo del lucro a cualquier costo la pauta de la economía, seguirán creciendo el hambre, la miseria, la violencia, la depredación. Por ello el problema número 1 de El Salvador no es económico, es ético. Porque perdimos la visión del bien común, de pueblo, de nación, de civilización. El capitalismo nos ha infundido la noción perversa de que la acumulación de riqueza es un derecho y que el consumo de lo superfluo una necesidad.

Usted conoce el cono del helado: se coloca la bola encima y cuando se derrite se derrama un poco del helado por la parte inferior. Al comer el final del cono la punta inferior suele estar seca, sin helado. 

Pues algo parecido es la distribución de la riqueza en El Salvador. Por ello no podemos esperar que las utopías caigan del cielo, ni aceptar que la felicidad es proporcional al nivel de consumo. Pero las ideas sólo toman fuerza cuando se materializan en la acción de las masas, decía Lenín. La injusticia estructural que, como decía Bartolome de las Casas, hace a la población de América Latina morir antes de tiempo, indica que las utopías no sólo tienen futuro, sino que también se tornan necesarias y urgentes. Pero no se encontrarán en ningún estante de supermercado. Surgirán en la medida en que los empobrecidos se vuelvan artífices de cambios hacia un futuro mejor.

Mauricio Iraheta Olivo.

Noción sobre el Estado Salvadoreño

Actualmente en El Salvador la Corte Suprema de Justicia (CSJ) vive un momento de desvaríos. La razón suele ir de vacaciones y la sensibilidad queda a flor de piel. En la familia y en el trabajo, en el club y en la iglesia, todos manifiestan opiniones sobre la coyuntura política y los magistrados. 

El tono varía desde la palabrota y el descalificar todo el árbol genealógico de los políticos hasta la veneración acrítica de quien los juzga perfectos. La lengua se agudiza para difamar o alabar a los magistrados. El marido discute con la mujer, el padre con el hijo, el amigo con el amigo, cada cual convencido de que tiene el mejor análisis sobre los servidores públicos... y todos parecen ignorar que vivimos en una relativa democracia en que reina la diversidad de fuerzas políticas, aunque impere la ideología de las élites dominantes. 

Hay un tercer grupo que insiste en mantenerse indiferente a la coyuntura nacional, aunque no lo consiga en relación a los políticos, todos ellos considerados corruptos, mentirosos, aprovechados y/o demagogos. 

El problema es que no hay salida: estamos todos sujetos al Estado. Y éste es gobernado por el partido victorioso en las elecciones. Por tanto, quedarse indiferente es una forma de darle un cheque en blanco, firmado y de valor ilimitado, a quien gobierna. Y tanto el gobierno como el Estado, con perdón de la redundancia, son absolutamente indiferentes a nuestra indiferencia y a nuestras protestas individuales. 

Es comprensible que a una persona no le guste la ópera, la zanahoria, el color gris o viajar en avión. E incluso ni la política. Pero es imposible ignorar que todos los aspectos de nuestra existencia, desde la primera respiración hasta el último suspiro, tienen que ver con la política. 

Incluso la clase social en la que cada uno nació tiene que ver con la política vigente en el país. Si hubiera menos injusticia y mejor reparto de los bienes de la Tierra y de los frutos del trabajo humano, ninguno nacería entre la miseria y la pobreza. Como ninguno de nosotros escogió la familia ni la clase social en que vino a este mundo, todos somos hijos de la lotería biológica. Nuestra condición social de origen resulta del mero azar. Y no debiera ser considerado privilegio por quien nació en las clases media y rica, sino una deuda social para con aquellos que no tuvieron la misma suerte. 

Estamos ministerializados desde el nacimiento hasta la muerte. Al nacer, el registro va a parar al Ministerio de Justicia. Al ser vacunados nos inscriben en el Ministerio de Salud; al entrar en la escuela, al de Educación; al obtener un empleo, al de Trabajo; al sacar el carnet de conducir, al del Interior; al jubilarnos, al de Seguro Social; al morir, regresamos al Ministerio de Justicia. Y nuestras condiciones de vida, como sueldo y alimentación, dependen de los Ministerios de Hacienda, así como del modo en que el Banco Central administraba la moneda nacional y el sistema financiero. 

En todo hay política. Para bien o para mal. Puedo no saber lo que tenga que ver la política con la cuenta del supermercado o el valor de la matrícula escolar. Muchos ignoran que la política se hace presente hasta en el calendario. No que determine las estaciones del año, aunque tenga mucho que ver con sus efectos, como inundaciones, sequías y derrumbes. ¿Ya advirtió que diciembre, el último mes del año, deriva de diez; noviembre de nueve; octubre de ocho; y setiembre de siete? 

Antes el año era de diez meses. El emperador Julio César decidió añadir otro mes en su honor, y de ese modo nació julio. Su sucesor, Augusto, no quiso ser menos y creó agosto. Como los meses se suceden alternando 31/30, Augusto no admitió que su mes tuviera menos días que el de su predecesor; por lo cual obligó a los astrónomos de la corte a equiparar agosto y julio en 31 días. Ellos no se hicieron de rogar: quitaron un día de febrero y resolvieron la cuestión. 

Y en El Salvador para mejor o para peor, los que nos gobiernan son escogidos por el voto de cada uno de nosotros. Y gracias a los impuestos que pagamos ellos administrarán -bien o mal- los millones recaudados por el fisco, incluidos los salarios de los políticos y el costo de sus gabinetes de trabajo y sus respectivos viáticos. 

Haga como el Estado: deje de lado la emoción y piense con la razón. Las instituciones públicas no tienen vida propia. Son movidas por políticos y personas designadas por ellos. Todos esos funcionarios públicos, comenzando por el presidente de la República, son empleados nuestros. Deben presentarnos cuentas. Tenemos el derecho de cobrar, exigir, presionar, reivindicar, y ellos tienen el deber de demostrar cómo responden a nuestras expectativas. 

Convénzase de esto: la autoridad es la sociedad civil. Ejérzala. No vuelva más a dar su voto a corruptos ni se deje engañar nuevamente por la propaganda electoral. Participe por su futuro. Exija la justicia social y el derecho de los pobres a su dignidad, y la soberanía nacional. Llego el momento de construirnos como pueblo libre y creativo, y no mero eco de la voz de otros. De este esfuerzo podrá nacer entre nosotros los primeros brotes de otro paradigma de civilización que tanto necesita El Salvador. 

Mauricio Iraheta Olivo
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